-I N F O R M E

viernes, 3 agosto 2001 

PROGRAMA NACIONAL DE ALFABETIZACIÓN VOLTEA LA PÁGINA


Para evitar que el uso político se asome nuevamente entre sus labores, el Programa Nacional de Alfabetización (PNA) –cuyos esfuerzos son básicos para el progreso del país– detuvo sus actividades desde diciembre del año pasado. Ahora, luego de invertir varios meses en el replanteamiento de su misión, afinar estrategias y realizar una acuciosa limpieza, esta dependencia del Promudeh calienta motores.
Fernando Reyes

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Listos para enseñar
A-le-jan-dra. Trazos temblorosos dejan huella en una página de su cuaderno. Y continúa: Cam-pos Vi-la. Sonríe. ¿Qué sentirá para que le brillen así los ojos? Sin duda, el temor y la vergüenza quedaron atrás. La emoción de escribir por primera vez su nombre es inocultable.
La escena que protagoniza esta ayacuchana de 27 años, retrata uno de los momentos cruciales del trabajo alfabetizador. Quizá el más gratificante de todo el camino.
Los participantes piden que primero se les enseñe a leer y escribir cómo se llaman. Ahora sí se atenderá ese clamor, ya que se diseñó una estrategia para comenzar a trabajar por ese aspecto.
Hacerle notar a un iletrado que posee una identidad es el primer paso para que otros temas de vital importancia se aborden sin mayores complicaciones. Y es que con una autoestima reforzada, no hay barrera difícil de sortear.
Anotar argumentos similares que sustenten la necesidad de reducir las tasas de analfabetismo sería desperdiciar tinta. Se sabe que una población con ínfimos índices de iletrados prepara mejor el camino hacia el desarrollo.

Lecciones del pasado. Cuando la actual administración del PNA asumió las funciones, diversos problemas salieron a la luz. Las denuncias ciudadanas referidas al uso político del programa tuvieron eco y se escucharon. Otra olla llena de cuestionamientos se destapó en el Promudeh.
La manipulación de las cifras oficiales se descubrió. En 1993, de acuerdo con el último Censo Nacional, la tasa de analfabetismo peruana alcanzaba el 12.8 por ciento. Para fines del año pasado se calculaba reducir tal cifra a 3.5 por ciento.
Nada más alejado de la realidad. La Encuesta Nacional de Hogares 2000, del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), revela que en la actualidad el analfabetismo cubre con su manto oscuro al 11.7 por ciento de los peruanos.
En resumen, más de ocho años de trabajo, cerca de 60 millones de nuevos soles anuales y 24 mil promotores contratados para reducir las estadísticas en tan sólo un punto porcentual.
Se debe tomar en cuenta que la población creció hasta la fecha. Ahora se tiene una cantidad mayor de iletrados. Sin duda, toda la estructura fue mal administrada.
En efecto, un diagnóstico del PNA realizado por su actual gestión determinó que no había mecanismos internos para controlar ni supervisar las actividades.
Se decía que cada promotor tenía a su cargo 20 participantes. Sin embargo, el promedio era de siete por cada alfabetizador. A ese paso, a duras penas quizá se llegó a trabajar con 168 mil peruanos.
Además, al adentrarse en el tema, se descubrió que sólo se impartían cinco horas de clase semanales, en vez de las doce establecidas.
De otro lado, la mayoría de participantes sabía leer y escribir. En realidad, según los estudios, ni siquiera se atendió a 50 mil personas iletradas.
Estos problemas, sumados a la burocracia que imperaba en las actividades de alfabetización –diversos programas del Promudeh estaban vinculados a estas faenas– terminaron por colocar en la puerta del PNA un rótulo que anunciaba su fracaso.

Programa remozado. ¿Cómo saber si se camina por buen sendero si no hay un sistema interno de monitoreo? Esta pregunta rondó en las oficinas del PNA.
La reestructuración funcional y administrativa era un clamor, pese a contar con menos recursos. Hubo que, entonces, ajustarse el cinturón del pantalón.
Ahora, el programa dispone de una normatividad nueva. Se redefinieron su misión y sus objetivos generales. Y se propuso llegar a una meta realista para este año: 180 mil peruanos. Creó, además, una estructura orgánica que le permitirá descentralizar funciones.
El PNA, por ejemplo, ya no se responsabilizará de las tareas propias de alfabetización. Se dedicará a ser un ente rector de las políticas en este tema.
Por tal razón, con la ayuda de la Oficina de Servicios para Proyectos de las Naciones Unidas (UNOPS), efectuó una licitación pública para seleccionar a instituciones de la sociedad civil (ONG, universidades, iglesias e institutos superiores) que pudieran desempeñar un mejor papel en dichas labores.
Pero la estructura del programa no era lo único que preocupaba. Había que trabajar en el enfoque que se empleaba, en los contenidos.
De acuerdo con el análisis efectuado, anteriormente sometieron a muchos participantes a una suerte de alfabetización escolar. Se trataba a los adultos como niños, que necesitaban leer y escribir. Hasta se utilizaba una cartilla, lo que incrementaba el índice de deserciones.
Se dejó sin efecto, además, el convenio suscrito entre el Promudeh y el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, mediante el cual las instituciones castrenses se comprometían a colaborar en la erradicación del analfabetismo en las zonas de máxima seguridad.
Fue una tarea que nunca pudo ser asesorada, ni asistida académicamente desde el PNA. Hubo una escasa relación al inicio, lo que desencadenó cuestionamientos respecto al método que se empleaba.

Esperanza a la vista. El analfabetismo es uno de los reflejos de la exclusión social y se evidencia en las zonas de extrema pobreza. Además, como en el resto del mundo, este flagelo tiene rostro de mujer: de cada seis, una es iletrada.
Para que esta vez el PNA alce vuelo y no fracase en el intento, se realizó una investigación para focalizar el esfuerzo dirigido a erradicar este problema. El resultado: un mapa donde se indican 137 lugares que requieren de alfabetizadores.
Esta información sirvió para seleccionar a las Instituciones Promotoras de Alfabetización (IPA) de cada zona. Así se realizará un mejor trabajo, ya que conocen mejor la realidad y la cultura de sus localidades. Hasta el momento hay 54 elegidas. Y restan escoger 31.
Estas organizaciones tienen, además, un gran encargo: promover la constitución de comités locales de alfabetización.
Ese es un punto básico de la estrategia porque el PNA no puede asumir solo toda la responsabilidad. Las tasas de anafabetismo sólo serán revertidas con un trabajo multisectorial, donde el Estado y la sociedad civil se den la mano.



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