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 O P I N I O N

miércoles, 27 febrero 2002 














La desestabilización 
Es evidente que existe un problema social embalsado, cuyas compuertas tienen que ser abiertas con prudencia para prevenir una inundación catastrófica. Sin embargo, hay quienes quisieran dinamitar la presa y pescar a río revuelto.
De este objetivo desestabilizador no sólo hay que responsabilizar a los remanentes de la mafia que todavía operan, sino también a ciertas fuerzas políticas que están en el peligroso juego de la violencia social, para crecer a costa del desgaste gubernamental, y perfilarse en las elecciones municipales y regionales de este año.
Hay muchos ejemplos. Pero empecemos por el tema del Vaso de Leche, donde el Gobierno no tiene nada que ver, ya que es responsabilidad de los municipios y de las organizaciones de madres. Sin embargo, se le acusa de supuestas intenciones, se promueve marchas a Palacio de Gobierno y se arma una batahola.
Pero allí no acaba la cosa. El lunes el ministro de Salud, Fernando Carbone, sufrió una celada y agresión por estas dirigentes manipuladas por grupos políticos, en el interior del Congreso, cuando salía de exponer en la Comisión de la Mujer. Al Palacio Legislativo no ingresa nadie, salvo que esté autorizado, y mucho menos un grupo numeroso de personas. ¿De donde salió el permiso? ¿A qué grupo parlamentario pertenece el que dió la orden? ¿Quién les dijo la hora y el lugar donde iba a estar el ministro? Son preguntas que deben esclarecerse y allí encontraremos el hilo que nos dará muchas respuestas.
En esto hubo un acto premeditado y con obvia participación al interior del Congreso. Con los sistemas de controles y autorizaciones que existen, es relativamente fácil descubrir a los responsables. En caso contrario, se habrá perdido las garantías en el Palacio Legislativo, porque demostraría que no existe voluntad de encontrar la verdad y poner coto a estos abusos.
Sin embargo, esto no puede ser visto como un hecho aislado, aunque no necesariamente significa que sea un complot con una sola dirección. Forma parte de continuos actos de violencia social que se están provocando en Lima y el interior del país, como lo que ahora sucede en Arequipa, donde concurren diversidad de fuerzas políticas y sociales que coinciden en el objetivo de la desestabilización.
El paro en la Blanca Ciudad, como se detalla en esta edición, es absolutamente irracional, salvo que la finalidad sea política. Se oponen a la inversión privada en el departamento, condenándolo al atraso; piden Banco Agrario cuando éste ya se encuentra en marcha; la construcción de la represa de Angostura, cuando esta obra está presupuestada y los estudios de factibilidad en marcha, etc. Sólo les falta exigir que el Gobierno corra un poco más a la derecha el Misti.
Es una metodología que se repite de manera sistemática en todo el país y por parte de grupos minoritarios: reclamos sin sentido o desorbitados imposibles de ser satisfechos, como el de desconocer tratados internacionales; alusión a supuestas promesas incumplidas que van incrementando la leyenda sobre el tema; bloqueos para desarticular los servicios y la producción; y amenazas de violencia para mantener a la gente en sus casas. Es decir, se quiere prender la mecha que encienda el “argentinazo”.
Frente a esto los partidos van a tener que tomar una posición muy clara, para saber quiénes están con el sistema democrático o quiénes apuestan a la desestabilización con fines subalternos. La piedra de toque será la postura que asuman ante el proyecto de ley del Ejecutivo para castigar adecuadamente los desmanes. Los que estén en contra son los que quieren la violencia. No cabe medias tintas.
Se pretende tergiversar la iniciativa, porque no se trata, como se ha dicho interesadamente, de modificar el Código Penal, sino que se apliquen penas de cárcel efectivas a quienes cometan actos vandálicos. No se está tipificando nuevos delitos. En esto no puede haber interpretaciones torcidas, porque no se quiere sancionar a nadie que organice o participe en una manifestación. Lo que se pretende es evitar que un grupo de antisociales haga de las suyas con total impunidad, como sucede ahora.
El país espera que determinados políticos dejen de jugar a retornar a la democracia débil de los ochenta, para repetir una triste historia muy conocida.


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