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jueves, 11 abril 2002 


MEDIANTE LA PRÁCTICA DEL YOGA

Es considerada la ciencia de la integración humana, y dentro de ella se propugna que la paz exterior se consigue después de conquistar la interior











A la búsqueda del equilibrio total
Hace algunas semanas la BBC de Londres informó que tras diversos estudios realizados por el Departamento de Medicina Complementaria de la Universidad de Exeter (Inglaterra) se había logrado comprobar que la práctica del yoga podía aliviar el asma, así como mejorar las condiciones de vida de los pacientes que lo padecían.
Ante la inusitada búsqueda de nuevas formas de curación para problemas médicos, el doctor John Harvey de la Sociedad Británica del Tórax manifestó que “las terapias complementarias se han vuelto más populares entre los pacientes, porque ellos buscan alivio tanto para los síntomas emocionales como para los síntomas físicos de su enfermedad”.
¿Síntomas emocionales y físicos? ¿Existe alguna relación entre ellos y el yoga puede trabajar sobre ambos a la vez? A la luz de las recientes investigaciones, y de los miles de años de su práctica, la respuesta parece ser un rotundo sí.

Cuando el cuerpo se dobla
Dentro del yoga las enfermedades y la inestabilidad emocional son el resultado de un deficiente funcionamiento de nuestros núcleos energéticos o chakras (ruedas, en sánscrito), ubicados en todo el cuerpo.
Originada en la India, esta milenaria ciencia, que data de hace más de seis mil años antes de nuestra era, incluye una serie de disciplinas mentales y físicas, que permiten limpiar los canales por donde discurre la energía atascada en nuestro cuerpo, disolviendo, de esta manera, los nudos que sujetan el alma, según afirman sus seguidores; entre ellos Michelle Llona.
Con las manos unidas, una junto a la otra vemos cómo su cuerpo pierde la rigidez, que gobierna a la mayoría de nuestros cuerpos, y en un abrir y cerrar de ojos empieza a doblarse sin dificultad, como si sus huesos no fuesen una barrera suficiente para impedir que se abandone en los insondables senderos de su mente, en busca de la paz interior, que todos anhelamos y que el yoga le provee desde hace algunos años.
“Todos los que llegan hasta aquí es porque han escuchado que las clases los ayudarán a relajarse. Y es que el yoga proporciona ese espacio de silencio que todos necesitamos para escuchar nuestro ser interno, que debido al constante estrés ha perdido su conexión con la energía universal”, manifiesta esta joven profesora.
Se trata de un trabajo muy personal, donde la técnica no es lo más importante, sino cómo uno se siente. “El trabajo viene de adentro hacia fuera” y el cuerpo es una gran herramienta en esa búsqueda interior.

Ruedas de energía
Todas las clases se inician con momentos de relajación, para luego proceder al desarrollo de determinadas posturas, con las que se trabajan los siete chakras, representados en la columna vertebral, la cual –según la tradición yóguica– encierra una energía ilimitada en el sistema nervioso central.
A decir de algunos profesores de yoga, cada chakra gobierna diferentes funciones del nuestro cuerpo y encierra varias cualidades espirituales, que cuando son desarrolladas permiten ser más dinámico, optimista, creativo, así como mostrar más confianza en sí mismo.
De ahí que Michelle Llona sostiene que, más allá de su comprobado poder sobre determinadas enfermedades, sus beneficios involucran también hasta los campos emocionales, como asegura sucedió en ella.
“Muchos de los conflictos personales surgen por una baja autoestima o por diferentes miedos. Cuando uno hace yoga se siente automáticamente positivo, lo que atrae también situaciones de ese tipo. Uno eleva su energía, y donde antes sólo veía problemas empieza a ver soluciones”, manifiesta convencida.
Dentro de esta ciencia, el cuerpo es como un templo que se limpia a través de la realización de diversos ejercicios, que inciden en cada uno de los chakras, que guardan nuestras potencialidades en todo sentido.
“Si uno nunca ha hecho yoga, puede empezar realizando gimnasia psicofísica”, señala Michelle.
Desde ya todos pueden practicarla, sin embargo las gestantes, los que padecen de problemas a la columna y las personas con sobrepeso deben obviar algunas posturas, pues podrían sufrir algunas lesiones. Los niños pueden empezar a los siete años.
Antes de terminar, Llona aclara que el yoga no es una religión y que por lo tanto no hay por qué temerle. “Es una ciencia que te acerca al dios que hay dentro de nosotros. Es un constante sanar, que si bien no requiere de un cambio de vida, es muy seguro que te la va a cambiar”, enfatiza.

Karina Garay R.


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