ESFUERZO DEL INSTITUTO NACIONAL DE CULTURA PERMITE SU PRESERVACIÓN.
Pucllana y Huallamarca
Las huacas de Lima
Pese al tiempo, los otrora lugares de ceremonia, templos o cementerios se mantienen en armonía con las edificaciones modernas.
Quizá no sean tan populares ni impresionantes como las ruinas de Chan Chan o Machu Picchu, pero las huacas Pucllana y Huallamarca ganan cada día más adeptos, por sus figuras exteriores semejantes a las mejores pirámides egipcias importadas hasta la médula de Lima, al alcance de una sociedad que convive con el pasado en pleno siglo XXI. Entre edificios, rodeados de casas y miradas curiosas, en los distritos de Miraflores y San Isidro, se encuentran estos dos museos de sitio, separados apenas por unos cuantos kilómetros, a la espera de develar que un día fueron dos de los núcleos más importantes de la costa central.
Una vista previa y una dosis de imaginación ayudan a rememorar que en ambos recintos se desarrolló un ayer glorioso. Sus muros de adobe esconden uno de los capítulos menos difundidos de la historia de la capital del Perú. Pucllana, o “lugar de ceremonias festivas”, fue el centro administrativo-ceremonial de la cultura Lima. En él se realizaban “ofrendas humanas”, mayormente de mujeres, en honor a sus divinidades ligadas al mar. Huallamarca, por su parte, evidencia una larga y continua secuencia cultural. Registra hasta tres momentos distintos de ocupación, cada uno caracterizado por una función en particular: templo, cementerio y aldea.
Patrimonio emergente
Pucllana exhibe pasadizos, vanos, recintos, restos cerámicos y textiles, y, principalmente, una pirámide, construida con un sinfín de “adobitos”, desde donde se puede apreciar la totalidad del complejo y una peculiar vista de la urbe. El recorrido incluye también la posibilidad de observar la realización de las excavaciones arqueológicas. De ese modo, en cualquier rincón de este complejo, que se ubica en la calle Borgoño, en Miraflores, se respira tradición.
Sin embargo, el mejor ejemplo de la importancia que ha cobrado la huaca Pucllana lo grafican los 41 mil 476 visitantes que caminaron por sus instalaciones en 2004. La cifra describe a la perfección su relevancia. Un espacio que a lo largo de sus 23 años de servicios a la colectividad, desde que el Instituto Nacional de Cultura (INC) lo recuperó del olvido, ha ganado terreno y hoy es un centro cultural de primer orden, así como un proyecto arqueológico modelo, donde unen fuerzas Estado, gobierno local y empresa privada.
Las labores de excavación en Pucllana se retomarán en la segunda y tercera plataforma de la pirámide. Se busca terminar de exponer una plaza con banquetas y postes amarillos, escalinatas de acceso y un camino a la cuarta plataforma de la pirámide. De momento, se continúa el análisis de los materiales recuperados en la anterior temporada de excavación y se encuentra en pleno desarrollo el taller de arqueología para niños, actividad que tiene como propósito formar conciencia en los menores acerca de la importancia de la protección de nuestro patrimonio cultural.
Huallamarca
En San Isidro, entre las avenidas Nicolás de Rivera y El Rosario, se encumbra el otro vestigio de importancia que se puede disfrutar en Lima Metropolitana. Marcada por el ambiente progresista de la geografía en que se encuentra, la huaca Huallamarca no es menos valiosa que su vecina de Miraflores.
Administrada por el INC y el municipio, su peculiaridad reside en su perfecta arquitectura de barro puro, un lunar en la selva de cemento, y su museo de sitio, que cuenta con dos momias –una de ellas de cabellos largos–, y una extensa colección de piezas arqueológicas recuperadas en diversas campañas de excavación.
Por inverosímil que parezca, a esta huaca la visitan más extranjeros que nacionales. El año pasado, de las 6 mil 817 personas que llegaron a su complejo el 76 por ciento fue foráneo.
Conocer Pucllana y Huallamarca, todavía poco promocionadas turísticamente en Lima, es todo un privilegio: se trata de una forma de contemplar el pasado capitalino más auténtico. Dos huacas adaptadas a la modernidad propia del siglo gracias a la labor del INC. ¿Se anima a visitarlas?
Johan Pérez Landeo
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