El director como líder
Carlos Alberto Purizaca / Educador
Coincidimos en que el director de escuela ocupa una función importante en el sistema educativo. Y que no se puede pensar en una mejora de la calidad si no es por medio del liderazgo que infunda el director. La labor que desempeña mayormente es gestionar la educación en la institución. Sin embargo, no podemos obviar que el hecho de dirigir personas lo obliga a ejercer eficientemente un liderazgo prolífico. John P. Kotter acierta cuando refiere: “El verdadero reto pasa por combinar un liderazgo fuerte con una gestión fuerte y conseguir que ambos se equilibren entre sí.”
Es lamentable que no todos los directores de escuela sean conscientes de la influencia de este liderazgo, pues no motivan ni mucho menos confían en los educadores que tienen a su cargo. Daniel Goleman precisaba, en Inteligencia emocional en la empresa, que un liderazgo arrogante desmoraliza a la gente, filtra emociones destructivas desde lo alto hacia abajo, reduce la energía de los demás. Por el contrario, los líderes efectivos presentan un elevado nivel de energía positiva que se extiende por toda la organización.
El director de escuela debe apoyar y estimular la buena práctica docente. Lo cual no le quita la potestad de corregir con firmeza los errores que sus más cercanos colaboradores cometan. Debe ser capaz de motivar a su equipo y convencerlo de participar en la construcción de su visión de futuro. Del mismo modo, es el primer responsable no sólo de diseñar dicha visión, sino de permitir que los educadores se acerquen a ella. De modo que no basta que tenga bien claro el qué de su institución, sino también el cómo. Sólo así permitiremos un verdadero trabajo en equipo entre los educadores y el director.
Éste debe buscar, asimismo, que el educador esté orgulloso de su trabajo; por tanto, ha de actuar sobre los problemas que lo privan de la posibilidad de realizarlo con satisfacción.
Ello lleva a que el director genere investigación en la escuela, recopilando, procesando e interpretando información de la realidad, que le ayude a encontrar causas y diseñar soluciones.
Lo peor que podemos esperar de un director de escuela no es sólo que se contagie con el humo de la corrupción y que no tenga una coherencia de vida ejemplar, sino también que no sepa motivar a su equipo, que no encuentre cómo impulsar positivamente el espíritu de los educadores.
En el tema de la calidad educativa debe mantener los estándares obtenidos, en cuyo caso tiene que exigir el cumplimiento de ciertas reglas de juego. Igualmente, ha de mejorar cada vez más los niveles conseguidos, bien sea mediante innovación o mejoramiento continuo.
De forma similar, tiene que servir como estímulo y apoyo durante el proceso educativo, y cumplir su función de control en el alcance de los resultados.
(1) What leaders really do. Harvard Business Review (mayo-junio 1990).
Delitos cibernéticos
JesÙs M. Umeres Altamirano / Abogado
En tiempos en que la ciencia avanza en forma inexorable han aparecido nuevas conductas delictivas que no requieren de organizaciones peligrosamente equipadas con armamento sofisticado de largo alcance o bombas lacrimógenas ni granadas de guerra, sino una simple cabina de Internet, desde la cual, luego de invertir la suma de 7.50 nuevos soles para adquirir un CD, en el Centro de Lima, conteniendo los nombres, teléfonos, y direcciones de los cinco mil empresarios más pudientes en nuestro país, identifican y seleccionan a las víctimas, comunicándose mediante correos electrónicos con los familiares de éstas, amenazándolos con afectar la integridad de sus seres queridos, extorsionándolos con fuertes cantidades de dinero, ostentando impunidad, ya que estas conductas delictivas no se encuentran tipificadas en la legislación vigente.
Sólo en lo que va de 2004 se ha sentenciado a tres personas por este tipo de delitos informáticos, requiriéndose de manera urgente las propuestas de los especialistas en la materia, con la finalidad de que las hagan llegar por medio de proyectos de ley, para revertir esta ola de delitos que sufren nuestros conciudadanos. Si se considera lo que demora el trámite parlamentario para que un proyecto de ley sea aprobado en el pleno del Congreso de la República y promulgado y publicado en el día oficial, esperemos que no transcurra de 2005.
Lima y el valle de Lurín
Anna Zucchetti / Directora del Grupo de Emprendimientos Ambientales
Hace cuatro años, el pueblo del valle del río Lurín salió por primera vez en los diarios. ¿La razón? No se trataba de un desastre natural ni de un crimen. Cosa rara que un pueblo ocupe algunos titulares. Simplemente, quería seguir viviendo en medio de la naturaleza y una norma municipal, la Ordenanza 310, lo amenazaba.
La Municipalidad Metropolitana de Lima, entonces conducida por Alberto Andrade, promulgó la controvertida norma. Si bien la Ordenanza 310 constituía un avance para ordenar el crecimiento en el Sur de la ciudad, también contenía aspectos cuestionables como nuevas carreteras en pleno valle, algunas industrias en tierras agrícolas colindantes al santuario y frente al mar, y permisivas regulaciones para el uso y la edificación en la franja intangible del río.
La norma fue observada por agricultores y vecinos, quienes recolectaron más de 10 mil firmas y decidieron emprender una larga campaña para convencer a la autoridad de que los escuche y la modifique. Tras muchas intervenciones y peticiones, el concejo aceptó reunirse con los pobladores y hubo varias asambleas. Sin embargo eran tiempos difíciles y, sea por la coyuntura política o por simple desidia, la ordenanza no fue cambiada, quedando hasta la fecha como tema pendiente.
No es fácil advertir la implicancia que tienen las decisiones políticas en lo que se refiere al ordenamiento y uso del suelo de la ciudad. No es un asunto del que se habla cotidianamente y no tiene el peso mediático de otros temas. No obstante, la ocupación del suelo y su relación con el crecimiento de la ciudad es tan fundamental como dotar de agua y energía a la población. Si no se le considera, se corre el riesgo de producir monstruos urbanos, por lo insostenibles e invivibles: tenemos muchos ejemplos en América Latina, la región más urbanizada del planeta, como Sao Paulo o Ciudad de México.
Es buen punto para el Gobierno consolidar los barrios existentes a través de Mibarrio o promover el crecimiento vertical de la ciudad a través del programa Mivivienda (cuando éste recupera baldíos urbanos y densifica la ciudad), alentando la inversión privada y la realización del sueño de tener una casa propia. Pero, tanto este como otros planes urbanos o de vivienda deben conservar los recursos naturales y culturales, y tener una visión de futuro: Lima no será ambientalmente sostenible si sigue expandiéndose en nuevas tierras, creciendo horizontalmente.
La actual gestión municipal, iniciando una política más sensible a los temas ambientales, ha prometido revisar la Ordenanza 310, en un proceso democrático y transparente. Se trata de conciliar grandes y pequeños intereses, desde las inversiones inmobiliarias que empujan por urbanizar el Sur, hasta los agricultores olvidados que necesitan mayores ganancias para sobrevivir.
Una urbe semejante a Lima no puede darse el lujo de perder el patrimonio natural (islas, mar, valle fluvial, lomas, agro, ecosistemas) y cultural (santuario de Pachacámac, camino Inca, numerosos sitios arqueológicos, fiestas costumbristas, caballos de paso) que posee aún la cuenca de Lurín que, no en vano, se conoce como “el último valle verde de Lima”.
Ya existen programas y espacios de concertación y colaboración: la Asociación de Autoridades Municipales, que reúne a los diez municipios del valle, el programa Procuenca del Gobierno; y la Coalición, que integra a vecinos, productores, empresas y organismos públicos. Es hora de dotarlos de recursos e instrumentos para que cumplan con sus cometidos. También es tiempo de que el municipio capitalino promueva la revisión de la Ordenanza 310, así como un plan de ordenamiento y desarrollo del Cono Sur (los distritos populosos, sus balnearios, el valle de Lurín) que rescate y promueva los recursos naturales y culturales de esta zona, única en la gran Lima metropolitana.
Televisión: ¿tierra de nadie?
CÈsar Andrade Almonacid / PsicÒlogo
La imagen que ha trasmitido a la sociedad durante toda su breve vida de adolescente y adulto Percy Rodríguez Marchand, alías “Misterio”, es lo más perniciosa como ejemplo y el peor modelo que se puede mostrar u ofrecer a la juventud peruana. Esa vida estuvo plagada de fanatismo, droga, violencia, caos personal, delincuencia y degeneración. Me pregunto: ¿cuáles son los valores que estamos dispuestos a enseñar a nuestros niños y adolescentes si, como se ve, la televisión basura hace apología abierta al crimen, vandalismo y drogadicción, al mostrar como “héroe” a un vulgar pandillero que, de estar vivo, seguramente su hogar natural sería alguna cárcel del Perú. Tal vez el Ministerio de Educación no tenga facultades para impedir que un canal de televisión difunda los olores de tan grande basural, pero lo que sí podría hacer es alertar a los padres acerca del significado y las consecuencias que trae para la sociedad la serie de cuarenta capítulos que empezó a transmitir Frecuencia Latina a partir del 28 de febrero del presente año.
Según los “historiadores” de Percy Rodríguez Marchand, alias “Misterio”, éste fue una persona que tuvo doble forma de vida: una, la de oscuro revendedor de acciones en la Bolsa de Valores y, la otra, de jefe de barras bravas del club Universitario de Deportes, que vivió siempre al margen de la ley. En los días previos al lanzamiento de la serie, las narradoras Pamela Vértiz y Mónica Cepeda no tuvieron que hacer mucho esfuerzo para dibujar al personaje y a su degenerado entorno: “Trinchera Norte, la barra brava más fanática, violenta y descontrolada”, “Misterio”, odiado por la Policía, protegido por sus dirigentes y temido por las barras”, “Paranoico de vida degenerada, ambivalente, demasiado violento, destructivo”. El 8 de junio de 1997, este joven desquiciado se mató en un “cuartito de la calle Mello Franco, en Jesús María, después de una larga noche de juerga y drogas, tras el violento juego de la ruleta rusa.”
La atormentada existencia de Percy Rodríguez ha sido convertida en un mito, una leyenda. Habrán de explicarnos la Defensoría del Pueblo, los organismos de derechos humanos, el Ministerio de Educación, la Iglesia, si esta apología a la violencia y al crimen, a la drogadicción y a la adicción de vivir fuera de la ley, es algo que nos beneficia y nos hace mejores. Rodríguez planeaba las estrategias de ataque más duras y brutales entre las barras bravas, la Policía sospechaba que había matado a varios hinchas de Alianza Lima. Esta serie presentada por los productores como una historia dramática, violenta y rápida resulta, en verdad, una bomba que ya, ahora mismo, muchos jóvenes quisieran activarla. ¿Podremos impedirlo incitando a la violencia? Con toda seguridad, no. Si se juzga que nadie tiene derecho a evitar la difusión de un trabajo intelectual, pues, ¿por qué no se le programa en horario de 3 de la madrugada? Es el momento de decir basta ya de pisotear los valores y de dar atención a los antivalores. Hagamos respetar nuestra legítima defensa ciudadana, que por ley nos asiste.
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