La AGENCIA DE COOPERACIÓN COREANA KOICA APOYA INICIATIVA MINISTERIAL
Educación para el trabajo
Mélida Severo Lazo tiene pinta de ser la alumna más aplicada de la clase. Y lo es. Pero no es pretenciosa ni tan “severa” como su apellido. Se trata de una adolescente empeñosa, que les “saca el jugo” a las oportunidades que se le presentan. Se ha peinado con una trenza frondosa y algunas pecas ocupan su carita. Su padre no vive con ella ni su mamá y tampoco sus hermanas desde hace tres años. Esta situación la lleva a pensar desde ahora que para ser médico deberá trabajar primero para costear sus estudios.
Participa en el taller de diseño de modas que dicta la profesora coreana “Chari”. Así la llaman con cariño, porque su nombre no es fácil de pronunciar. Mélida cuenta que aprende muchas cosas, que tiene base para trabajar apenas concluya sus estudios. Su vida ha cambiado. Lo dice sin dudas. Reconoce que comparte otra cultura, que está “más suelta”, que domina las telas, las agujas y los hilos. Pero, sobre todo, que tiene confianza en sí misma. Eso también se aprende.
Programa piloto
El colegio Luis Armando Cabello Hurtado, con mil 200 alumnos, se enorgullece de colocar a la luz su enorme potencial para formar a los escolares, a los hijos de las familias pobres del Perú, en técnicas para el desarrollo de sus habilidades manuales. Ellos actualmente estudian en el 4º y 5º de secundaria, y a diferencia de otros adolescentes tendrán, seguramente, que costear sus sueños de ser economistas, empresarios, médicos o científicos.
El Ministerio de Educación puso en marcha un plan que humaniza y se propone atender una realidad de manera creativa. El programa Educación para el Trabajo se creó a fin de educar a los alumnos de manera integral y prepararlos para que asuman su crecimiento con vigor y esperanza.
De esta manera, gracias a un convenio entre los gobiernos del Perú y Corea, la agencia de cooperación Koica instaló sus oficios y ganas en nuestro país desde 2002. A partir de ese año, contribuyó de muchas formas para que nuestras condiciones de vida se hallaran a la altura de los retos del siglo XXI.
Koica cuenta con un programa de voluntarios. Hombres y mujeres coreanos comparten sus conocimientos y experiencias con profesionales del sector público y, por esta primera vez, con estudiantes de un colegio estatal. Desde marzo de este año, cinco voluntarios participan en la vida escolar de 150 alumnos. Cada uno de ellos está a cargo de un taller: carpintería, diseño de modas, cosmetología, soldadura y asistencia social. Hablan muy poco español y son de diversas edades, y tienen en común ser solteros, expertos en sus profesiones, exigentes en la enseñanza y sencillos para compartir sus conocimientos.
Estos cinco adalides calaron muy hondo en la vida del colegio. Alumnos, profesores, padres de familia y directora lo reconocen. Su orden, disciplina y constancia han sido aprendidos sin ninguna resistencia. Se entristecen al imaginar que si el Ministerio de Educación no amplía la cooperación con Koica, el proyecto concluya y no se extienda hacia otras escuelas.
Sus nombres coreanos, de palabras breves y sonidos casi guturales, han sido reemplazados con cariño por otros más familiares. Ellos ahora son Juan (Jun Byung-In), Mónica (Moon Mi-Rang), Chari (Yi Chang-Eun), Sandra (Kim Hyo-Jeong) y Marcos (Kim Young-Cheol), y se pronuncian como tales.
Beneficios
Para la directora, Nora Beatriz Carrillo de la Cruz, los beneficios de la presencia de Koica en el centro educativo son notables; la capacitación técnica ha sido adecuada y eficiente para los alumnos, y redundará, sin duda, en su actitud frente a la vida al finalizar sus estudios. “La formación en cuanto a la disciplina y el orden también es notoria. Adoptamos la cultura de los coreanos. Su presencia, además, nos ayuda a integrarnos. La unidad educativa vive los efectos de su trabajo, nuestras relaciones humanas mejoraron en el colegio, y eso nos alegra. Además, contribuyen al mejoramiento de la infraestructura.”
Los talleres se desarrollan con el empeño de los alumnos y la dedicación de los profesores, pero también por la implementación. El equipo de Koica amplió varias aulas y refaccionó otras, colocó luces, cañerías, máquinas de coser, muebles, espejos, así como infraestructura para llevar adelante las actividades de soldadura y carpintería. Los alumnos del colegio son hijos, en su mayoría, de padres provincianos que se dedican al comercio; otros, al acopio y el reciclaje. Y los niños mostraban un interés por desarrollar dichas labores. Eso ha cambiado. Ahora, ellos pueden elegir otra actividad. Los adolescentes motivados a crear, a emplear todas sus potencialidades para inventar y, al mismo tiempo, crecer, serán futuros adultos confiados en sus habilidades y talentos. Pero, sobre todo, adultos sin miedos, para salvar los problemas que surjan en sus hogares y en nuestro país.
SUSANA MENDOZA SHeen |