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Martes, 18/10/05
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editorial
Europa y Sudamérica A partir del reciente viaje del presidente Alejandro Toledo al Viejo Continente creemos que es muy importante para los peruanos reflexionar acerca de las posibilidades que se abren por la aproximación política, comercial y de cooperación entre la Europa unificada y la hace poco constituida Comunidad Sudamericana de Naciones.
Para analizar en forma madura y objetiva un asunto de tipo internacional debe insistirse en que es necesario comprender con claridad que el ritmo de los acontecimientos en política exterior es más lento que el desarrollo de los sucesos en el ámbito de la política interna y, por tanto, los resultados tardan bastante en ser percibidos.
Los europeos hicieron en alrededor de medio siglo un notable y meritorio esfuerzo a favor de la construcción de su unidad. El continente que generó el concepto de nacionalismo y que, a lo largo de los siglos XIX y XX, sufrió espantosas guerras, supo renacer de las ruinas y levantar una entidad en la cual la integración económica se ligó de modo estrecho con la defensa colectiva del sistema democrático de gobierno y la protección solidaria de los derechos humanos.
En América del Sur tenemos una herencia común: la tradición cultural ibérica y católica e idiomas de raíces similares (castellano y portugués), lo cual hace más fácil nuestra unificación; por otro lado, no padecimos la terrible experiencia de grandes conflagraciones, dado que en estas latitudes los conflictos bélicos fueron poco frecuentes y mucho menos intensos, lo cual conduce a que el proceso tenga escasas dificultades.
Lo que nos falta a los sudamericanos es madurez democrática, dado que existen crisis de representatividad, partidos vulnerables y tentaciones anarquistas como la tristemente conocida consigna: “que se vayan todos”, propalada por masas de manifestantes enardecidos luego de la caída de un presidente. Situaciones de ese tipo pueden abonar el terreno para líderes carismáticos de vocación autoritaria, que terminen haciendo involucionar nuestro proceso de edificación democrática. A ello hemos de añadir que las graves desigualdades conspiran contra la consolidación de las democracias.
En todo caso, la intensificación de vínculos con Europa nos puede permitir acelerar el ritmo de crecimiento de las economías, paso indispensable para las mejoras sociales y las reformas que requieren tanto nuestros Estados como las políticas sociales. El mundo globalizado exige crecientes diálogos internacionales con miras a estrechar lazos en comercio y cooperación. Sudamérica tiene que mirar al norte de este continente, a Europa y Asia Oriental si desea construir su futuro con solidez.