SI el VIRUS MUTA Y SE VUELVE MÁS TRANSMISIBLE MORIRÁN
MILLONES DE PERSONAS EN TODO EL MUNDO
Gripe
aviar ¿próxima
pesadilla
humana?
La propagación de la infección entre las aves aumenta la probabilidad de un contagio directo del hombre. Muchas vidas dependen de que un humano resfriado
no se acerque a un ave resfriada.
Cada cierto tiempo, el virus de la gripe deja de ser más o menos benigno y sufre una mutación que lo hace más agresivo y mortífero. Durante el siglo pasado, tres pandemias de gripe sorprendieron al mundo. La primera, en 1918, fue provocada por el virus A/H1N1, que despertó en China y pasó de Asia a Europa y a América. La denominada “gripe española” pasó a la historia por causar 50 millones de muertes en sólo un año. Unos 39 años después, en 1957, el virus de la A/H2N2 de la “gripe asiática” ocasionó 70 mil víctimas mortales; mientras que entre 1968 y 1969, la cepa A/H3N2 de la denominada “gripe de Hong Kong” aniquiló a 47 mil personas.
Hoy se sabe que todas estas epidemias tuvieron su origen en las aves. La probabilidad de que la “influenza aviar” o “gripe del pollo” desate la primera pandemia del siglo XXI ha provocado una alarma sanitaria en todo el mundo. ¿Qué tan peligrosa es la amenaza de este mal?
La influenza aviar es una enfermedad infecciosa de las aves causada por el virus de la gripe del tipo A. Se conocen 15 subtipos de virus de la gripe que infectan a las aves, aunque los que han provocado más daño son los subtipos H5 y H7. El actual brote de la “gripe del pollo” pertenece a la variante H5N1, que se caracteriza fundamentalmente por mutar muy rápido, por su capacidad de combinarse con otros virus e infectar al ser humano.
Es cierto que la clase de virus de gripe aviar detectada hasta ahora en personas sólo se puede difundir de ave a hombre, pero existe el riesgo de que el virus mute y comience a transmitirse entre humanos. “Si a medida que pasa el tiempo crece el número de personas infectadas, se elevará también la probabilidad de que el ser humano, cuando se vea infectado simultáneamente por cepas de la gripe humana y la gripe aviar, sirva también de “tubo de ensayo” del que emerja un nuevo subtipo que posea los suficientes genes humanos para contagiar fácilmente a otra persona”, revela un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La búsqueda de antídotos
La sospecha advierte que una posible pandemia vendría del H5N1. Sin embargo, los científicos aseguran que hasta que el virus no mute y no sea identificado no podrá prepararse la inmunización y la elaboración de una vacuna. Según sus cálculos, la fabricación de una vacuna a escala mundial, imprescindible para hacer frente a ese virus, exigiría de cuatro a seis meses una vez identificada la mutación. El sacrificio masivo de pollos y patos, los estrictos controles de las aves, la prevención en focos de contactos con animales, además de la provisión de antivirales, que podrían ayudar a limitar los síntomas y evitar que el mal se extienda, son algunas medidas que se han estado empleando para prevenir esa enfermedad.
La gran paradoja es que mientras las naciones más ricas acumulan reservas de medicamentos antivirales y movilizan equipos para fijar zonas de cuarentena ante la posible llegada del mortal virus en sus territorios, no se está ayudando a contener el virus en la fuente, es decir, en el lugar que se origina. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) asegura que muchos de los países afectados por la gripe aviar tienen capacidad limitada para combatir el virus. Carecen de instrumentos de diagnóstico y de sistemas de vigilancia eficaces, esenciales para dar alerta e intervenir a tiempo.
Un antídoto a esta nueva amenaza tiene que ver con una de las características del liberalismo: la red o la telaraña de la interdependencia. Mientras que antes las naciones dependían exclusivamente de la soberanía, hoy lo hacen unas de otras. Los virus no tienen fronteras y menos el H5N1, que ya ha asolado a la raza humana en distintas formas.
En un mundo donde la pobreza y enfermedad de unos pone en riesgo la riqueza y el bienestar de otros, el multilateralismo resulta una estrategia indispensable. Urge el compromiso de consenso y solidaridad de todos los países para acabar con el virus en los lugares afectados.
La situación actual es de expectativa. La “gripe del pollo” avanza entre los animales, así como la incógnita sobre si este virus se quedará en un daño para las aves o será una amenaza concreta para los seres humanos. (Sonia Millones)
La batalla por el antiviral Tamiflu
Sólo existen cuatro medicamentos contra el virus de la gripe en todo el mundo. De ellos, la Organización Mundial de la Salud recomienda uno, el Tamiflu (nombre comercial del principio activo oseltamivir), como el remedio más eficaz para frenar una hipotética pandemia de gripe aviar en humanos durante los cuatro meses que se calcula tardará en tenerse lista una vacuna.
Sin embargo, el Tamiflu es un fármaco patentado, caro y de producción laboriosa. Cuenta con una sola planta de fabricación en el mundo, los laboratorios Roche en su planta de Basilea (Suiza). Ello deja en manos de un solo laboratorio el suministro mundial. La situación es preocupante porque la multinacional no puede atender a corto plazo las demandas masivas de su fármaco y porque se ha negado a levantar la patente, como le han pedido algunas naciones asiáticas.
La multinacional sostiene que no se puede acelerar el proceso de producción de Tamiflu, pues dura doce meses e involucra diez etapas, algunas de ellas sumamente difíciles y que requieren de procesos de verificación complejos.
Los países occidentales –y otros que no lo son pero tienen dinero, como Qatar– se han lanzado a una carrera por el Tamiflu. Francia y el Reino Unido, por ejemplo, acaban de solicitar cada uno cerca de 15 millones de tratamientos, calculados para medicar al 25 por ciento de su población. Pero Roche ha advertido que no puede satisfacer todas esas demandas a corto plazo.
La capacidad de producción anual del Tamiflu es uno de los secretos mejor guardados de la industria farmacéutica. Científicos estimaban el año pasado un volumen de fabricación de 1.5 millones de tratamientos anuales. Roche asegura que este año ha duplicado la elaboración, y que la volverá a duplicar el año que viene. Eso daría seis millones de tratamientos anuales. Por mucho fármaco que la empresa tenga en sus almacenes, las naciones ricas no podrán cubrir al 25 por ciento de su población de inmediato y los países pobres ni siquiera al 3 por ciento.
El Tamiflu, en cualquier caso, no es ninguna panacea. Su eficacia resulta moderada contra la gripe convencional, nula después de dos días de infección y desconocida contra la futura pandemia, según los expertos.
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