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Martes, 1/11/05
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editorial
Más allá de
la negativa popular
Resulta claro a estas alturas que, salvo en Arequipa, la gran mayoría de los electores se manifestó contraria a la instauración de macrorregiones, o, por lo menos, a la forma en que fueron diseñadas y presentadas ante los pueblos. En estos momentos, debemos reflexionar acerca de las causas y consecuencias de ese rechazo, y analizar las perspectivas que se abren para el futuro inmediato.
No juzgamos sensato discutir sobre cuáles serán los chivos expiatorios de este retroceso en el avance de una regionalización madura. Creemos que hay que buscar los móviles de tal situación y, desde nuestra óptica, el primero es la desinformación, es decir, un gran número de electores no conocía la naturaleza del problema ni qué era exactamente lo que estaba en juego. Las razones son diversas: no hubo interés en las autoridades locales y regionales, directamente implicadas en el proceso; la gran mayoría de los medios de comunicación tampoco brindó informes acerca de la esencia de este asunto.
A ello hay que sumar que el Perú vive un proceso de pérdida de interés por la política que se inició a fines de la década de 1980 y que fue consecuencia de la incapacidad del liderazgo democrático de entonces para enfrentar la subversión y hallar una salida eficaz frente al creciente deterioro de la economía. Durante el decenio siguiente, el país sufrió los embates de la destructiva propaganda del régimen autoritario contra las instituciones democráticas, los partidos y la vida política normal en un estado de derecho.
Un clima social de este tipo no es el más propicio para que los ciudadanos se informen de manera madura y responsable respecto a un asunto tan trascendental. A esto debemos sumar las rivalidades regionalistas entre pueblos vecinos que, en no pocas ocasiones, desconfían unos de otros, y ello estuvo en la base del fracaso del anterior proceso de regionalización, porque el conjunto de la gente no aceptó las macrorregiones esquematizadas e impuestas por el Gobierno Central.
Los principales derrotados son aquellas colectividades que no podrán construir macrorregiones que hubieran acelerado su crecimiento económico con nuevos proyectos de inversión, más exportaciones, mayor captación de turistas y creciente generación de empleo. Al igual que en el caso de la negativa popular a aceptar la privatización de dos empresas generadoras de electricidad, cuyos beneficios irían directamente a las obras de la región, los pueblos que optaron por el No serán los perjudicados, en primera instancia, debido a la falta de progreso mediante una regionalización técnicamente viable.