Bodas de un ruiseñor
Pedrito Otiniano celebra 50 años de trayectoria
artística. Realizará recital de gala el sábado 19 en el Teatro
Municipal del Callao Alejandro Granda
José Vadillo Vila
Lo ha dicho reiteradamente, Pedrito Otiniano, “El ruiseñor del amor”, “El hombre que hace llorar a los machos”, como lo llaman, no es bolerista sino cantante internacional, escritor y profesor de canto, precisa su tarjeta de presentación.
“En mis shows canto valses, polkas, huainos, pasillos, tango, música paraguaya, canciones en portugués y lírica popular”, enumera el intérprete de “Ay, cariño”, ese bolero con el que tantos amantes dolidos han exorcizado las penas.
Debutó en radio Mundial a los nueve años de edad cantando valses. Sin embargo, el artista de los ojos verdes, que ha cantado desde el más humilde de los escenarios hasta los teatros más importantes de 20 países, cuenta su carrera profesional desde el 31 de agosto de 1946, cuando ganó un festival en radio Excelsior. Tenía 19 años de edad y por primera vez le pagaron por cantar.
Desde entonces, Pedrito ha ganado presencia en diversos países. En Brasil fue ídolo sin pisar tierra carioca. Pero cuando 16 años después llegó, no le creían. “Tú no eres Pedrito Otiniano, él murió, el tren le cortó las piernas”, le dijeron. Se quedó perplejo. Sólo habían dos explicaciones: a) en las portadas de sus discos salía retratado de medio cuerpo, y los brasileros se inventaron esa cruel leyenda del cantante sin piernas, b) Nunca se “marqueteó”. “Le faltó mayor publicidad a mi carrera. Le faltaron escándalos”, se pesa con ironía.
Hace varias décadas que no cree en las disqueras. “Soy amigo de los ‘piratas’, les he regalado mi trabajo para que me hagan famoso en todo el país como lo hicieron con (el ecuatoriano) Segundo Rosero”, agrega.
Proyectos
Además de éxitos como “Cinco centavitos” que figuran entre las 600 canciones que grabó, Otiniano Chiesa ha registrado dos discos de chistes y otro con clases de canto que piensa distribuir “quiosco por quiosco”.
Con cinco décadas de trayectoria, Pedrito sigue con sus proyectos. Piensa grabar en japonés, italiano, tiene ideado un álbum de tangos y boleros en portugués.
Espera un “golpe de suerte” para tener por fin su programa en la televisión, que llamará La hora celeste, inspirado en el programa de música romántica La hora azul, que dirigía Agustín Lara en México.
Desde 1989 el artista desarrolla su otra pasión: la escritura. Fue columnista de un diario limeño y dirigió dos periódicos en Nueva York. Tiene listos tres libros que esperan sólo el auspicio para editarse. La autobiográfica Mi vida hecha canción. La historia de un cantante, La historia de la música romántica, que abarca desde el nacimiento del bolero en 1885 hasta la actualidad, y ¡Ése es mi Perú, carajo!, conjunto de seis mil textos sobre la manera particular de ver el mundo que tenemos los peruanos.
“En algún momento le gustaría estudiar Periodismo, ¿porqué no?”, comenta despidiéndose. Mientras vuelve a su casa en el jirón Huancavelica algunas personas lo reconocen, “¡Pedrito!”, gritan, los jóvenes pasan indiferentes. Pero el bolero no morirá, dice con certeza este cantante.
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