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CONVEMAR
soberanía e integración
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  La Constitución
  de los mares
  Soberanía sobre
  las 200 millas
  La pesca no será   regulada
  Diccionario de la
  Convención del Mar
  Entidades creadas
  por la Convención
  Los derechos
  del mar
  El Perú cumple
  los postulados
  Mitos y creencias   más frecuentes
  La delimitación   marítima
  Erróneas
  interpretaciones
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Perú participó activamente en la elaboración de documento
La Constitución de los mares

       El tema de la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (Convemar) constituye un tema muy controvertido en nuestro país a partir de una confusión de tipo jurídico y conceptual. Esto ha generado la oposición de un sector de la opinión pública a la suscripción de esta “constitución de los mares” y nos mantiene apartados del derecho internacional del mar.
       No obstante haber sido uno de los países en desarrollo que más trabajaron para lograr que sus planteamientos fueran acogidos en esta norma internacional, seguimos apartados del moderno derecho del mar. Un grupo de presión ha trabado nuestro progreso en este ámbito, a partir de una visión equivocada: la creencia de que el Perú perdería 188 millas de “mar territorial”.
       Lo cierto es que, según la mayor parte de los expertos en esta temática, que trabajaron a lo largo de la década de 1970 en la elaboración de Convemar(1), el Perú jamás tuvo 200 millas de mar territorial ni las tiene ahora. En aquellos años, el mundo carecía de una legislación uniforme a escala mundial acerca de este asunto hasta inicios de la década de 1980, es decir, hasta antes de la Convemar.
       En este contexto mundial,el gobierno democrático de José Luis Bustamante y Rivero, siendo canciller Enrique García-Sayán, dictó el decreto que establecía 200 millas de “dominio marítimo” con la finalidad de preservar los recursos vivos –es decir, peces y mamíferos acuáticos– y de la pesca indiscriminada efectuada por grandes empresas pesqueras pertenecientes a países desarrollados.
       En efecto, es interesante señalar que el objetivo fue económico (preservar peces y mamíferos acuáticos) y que, en el aspecto formal, no se utilizó la expresión “mar territorial”, sino “dominio marítimo”. La diferencia semántica es importante: “mar territorial” implica soberanía, igual que el resto del territorio. En cambio, “dominio marítimo” significa una soberanía de tipo económico, y así fue entendida durante los primeros años.
       Esta tesis de 200 millas no fue aceptada por la comunidad internacional y nuestro país decidió reforzar su posición efectuando gestiones con las hermanas repúblicas de Chile y Ecuador para lograr que estos tres países del Pacífico sur sostuvieran la misma tesis: 200 millas de dominio marítimo.
       Esto se logró, pero fue en la década de 1950 que el doctor José Luis Bustamante y Rivero empezó a referirse a las 200 millas como de “mar territorial”. El concepto fue recogido en buena parte de los textos escolares debido a lo cual un porcentaje del pueblo cree la tesis “territorialista”. Aquí se encuentra la esencia de las trabas y los debates muchas veces pintorescos que sólo han servido para mantener a nuestro país aislado del derecho internacional del mar.
       En la ONU se comenzó a preparar, en la década de 1970, el texto de lo que sería más tarde la Convemar. Esos no eran tiempos donde reinaban las propuestas neoliberales. Más bien, por el contrario, primaba en la ONU un criterio de tipo antiimperialista. Así se aisló a Estados Unidos y los países desarrollados de economía de mercado respecto a temas como el “nuevo orden económico internacional” y las nuevas concepciones en torno a los flujos de información.
       En este contexto, el proyecto de Convemar declaró que los recursos vivos y no vivos ubicados en alta mar son “patrimonio común de la humanidad”. Es decir, no pueden ser entregados a las transnacionales, sino que su explotación estará a cargo de una autoridad internacional. Se deben añadir las transferencias de tecnologías para explotar los fondos marinos y la fijación de compensaciones para los países exportadores de materias primas perjudicados por este tipo de explotaciones(2).
       Estableció también normas proteccionistas en defensa tanto del ambiente como de los recursos vivos existentes en el mar. A ello debemos añadir que se universalizó nuestra tesis de las 200 millas (denominando a la soberanía y jurisdicción “zona económica exclusiva”), por lo cual nuestros diplomáticos pensaron que nuestro país estaría entre los primeros en suscribir la Convemar.

       Cronología >>

[1] Me refiero a brillantes diplomáticos como los embajadores José Miguel Bákula y Alfonso Arias Schreiber.
[2] Por estas razones, Estados Unidos se niega hasta hoy a suscribir este texto. El Perú, en cambio, recibiría enormes beneficios.

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