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LA ENORME RIQUEZA GASÍFERA INFLUIRÁ EN EL FUTURO DE LA DEMOCRACIA DEL PAÍS DEL ALTIPLANO
Bolivia entre las ánforas y el gas
Como si hubiera encontrado la lámpara de Aladino, la mayoría de los bolivianos ha puesto plena confianza en que la explotación de sus inmensas reservas de gas servirá para lograr el desarrollo que siempre la historia le negó, sea en sus ricas minas o en los depósitos de salitre. ¿Cuánto afecta el gas en el presente proceso electoral? ¿Qué pasará en el contexto latinoamericano ante un eventual triunfo de Evo Morales este domingo?

Fabián Vallas t.

Es cierto que el triunfo de Morales no está garantizado. En especial cuando, en última instancia, lo que predominará será el juego de las alianzas políticas. El apoyo de Samuel Doria y su Unidad Nacional serán claves para conocer a dónde se inclinará finalmente la balanza entre los dos principales candidatos: el ex líder cocalero, Evo Morales, y Jorge Quiroga, de Podemos.
b1Lo que veremos el domingo en los comicios bolivianos será un escenario más complicado que el de las elecciones chilenas la semana pasada. Mientras que en nuestro vecino del sur existe un consenso acerca del modelo económico y político a seguir y los debates sólo se centraron en los matices de dicho esquema, en el caso del país del altiplano lo que está en discusión es todo el modelo. Las propuestas de Morales y Quiroga son diametralmente opuestas. El primero apuesta por un sistema económico nacionalista, proteccionista y estatizante, y el ex presidente boliviano continúa defendiendo una política de libre mercado.

Descontento
Los antecedentes de esta polarización política se ubican en el polémico gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada y la licitación para la extracción de gas por parte de una serie de compañías transnacionales. La percepción popular en Bolivia es que se negoció en condiciones desvantajosas y que, finalmente, en una sociedad en que la mayor parte de la población no tiene sus necesidades satisfechas, el gas serviría para brindar calefacción a la población de Estados Unidos. En pocas palabras, los bolivianos no participarían en forma directa o indirecta de los beneficios económicos de la venta de gas.
A esta situación se debe añadir el odio a Estados Unidos de un gran sector de campesinos dedicados a la siembra de coca, sobre todo en Chapare y El Alto. En los últimos gobiernos, unos 30 mil campesinos fueron reprimidos a sangre y fuego para que dejaran de cultivarla. Es cierto que la producción de la hoja de coca disminuyó, y lo que aumentó fue el espíritu antiestadounidense y el rechazo a los gobiernos de Bánzer y luego de Quiroga. Ambos son vistos como los socios políticos de Washington. En suma, el combate contra las drogas fue el combustible de movimientos étnicos–nacionalistas.
Este contexto afecta negativamente a los candidatos que apoyan las políticas de libre mercado y una mayor apertura al capital extranjero para la explotación de las riquezas naturales. Lo interesante es que a diferencia de otros movimientos, cuyo eje central es el debate político alrededor del capitalismo–trabajadores, ahora la discusión se centra en lo extranjero–nacional.
En ese sentido, se critica a las empresas transnacionales y a los últimos gobiernos de turno por su falta de transparencia en los contratos. Así, las políticas liberales son observadas como corruptas y excluyentes de los intereses de las grandes mayorías del país.

Nacionalismo
Es este nuevo nacionalismo étnico el que se alimenta de las desprestigiadas empresas extranjeras. Y aparece una nueva cara de las ya caducas propuestas estatizantes practicadas en nuestro continente.
En cierta manera, las explicaciones dependentistas adquieren un nuevo significado con los yacimientos gasíferos. De acuerdo a dicha interpretación, “los países del norte” desean con fervor explotar una materia prima de un país “subdesarrollado”, pero no desean industrializarla o darle valor agregado.
Por eso son populares las propuestas de Morales y el radical líder aimara, Felipe Quispe, que incluyen el procesamiento e industrialización del gas en territorio boliviano por una empresa nacional, para luego venderlo al exterior. Lo que no queda claro es quién financiará dicha empresa.
“Tenemos la gallina de los huevos de oro, pero el gobierno desea venderla como carne de pollo”, asegura un campesino a la pregunta de cuál debe ser el destino del gas boliviano.
Si el aumento del precio del petróleo en el mercado mundial consolidó el proyecto nacionalista chavista en Venezuela, con el gas podría suceder algo semejante debido a los movimientos políticos nacionalistas bolivianos.
Sólo esperemos que las bases de su democracia no terminen ardiendo por el debate del futuro del gas.


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