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“Necesitamos una facultad de música” Musicóloga “Chalena” Vásquez sostiene la necesidad de un centro de educación superior para la música popular peruana
El oficio de “Chalena” Vásquez (Sullana, 1950) tiene nombre poco común: musicóloga. “Aquí no existe la musicología como parte de las carreras universitarias, que se basa en las ciencias sociales y la música”, dice como disculpándose ante la carencia de especialistas del rubro, casi un absurdo frente a la “megadiversidad” musical del país.
De su generación, sólo cinco investigadores trabajan en el país y el resto fuera. Afirma que existe una nueva generación de investigadores, pero es escueta en cifras. La mayor parte se formó en el Conservatorio Nacional de Música (CNM). ¿No es acaso el lugar ideal para los estudios musicales?
La directora del Cemduc de la Universidad Católica afirma que no. Explica que en el CNM “prima la formación sobre un repertorio ‘clásico’, entendido como lo académico europeo, y la Escuela Nacional de Folclor se limita a formar profesores que enseñen música”. Por ende, la formación de investigadores queda descuidada.
Si bien en la década de 1970, Celso Garrido Lecca llevó a los conservatorios de Lima y Santiago la canción popular, no hubo continuación, y los talleres no fueron parte orgánica de la formación para los músicos académicos.
“No hay una integración de las necesidades de lo popular con lo académico. Es decir, los músicos seculares continúan trabajando a la manera popular, pocos ingresaron a hacer toda la carrera en el CNM. Porque nunca el estudio de instrumentos como el charango, quena o cajón fue parte de los estudios profesionales. Todavía se tiene la idea colonial de que la música popular daña la técnica del intérprete. Y los músicos populares también se sienten defraudados por el repertorio del CNM, en que no figura su música.”
Facultad
Por ello, la especialista y cantautora defiende la necesidad de crear una facultad de música, donde, como sucede en otros países, se enseñe indistintamente música popular y académica, aunada a la rigurosidad universitaria.
Abordaría con amplitud “todas las músicas”, tanto de los lenguajes tradicionales como de los popularizados por los medios de comunicación, dando cabida a los instrumentistas, profesores e investigadores (musicólogos) de diversos instrumentos y géneros. Incluiría cátedras ausentes como bajo electrónico, instrumentos electroacústicos y otros de amplia difusión en el país, como el violín, el arpa y el acordeón.
Además, debería formar directores, compositores y arreglistas especialistas en la música popular, una gran carencia en el Perú, donde los músicos seculares que quieren hacer arreglos recurren sólo a sus pares, ya que los “académicos” no conocen su música.
Sólo de esta manera, explica Vásquez, está garantizada la versatilidad y profesionalismo de los artistas populares. Cita a Cuba, donde tras la revolución el conservatorio y las escuelas públicas de música superaron las barreras, y hoy sus estudiantes no hacen distingos entre lo académico europeo y lo popular.
“Ellos (en Cuba trabajan más de 150 musicólogos) han sistematizado todos los tambores, por ejemplo. Se enseñan como parte de la percusión y punto. Por eso, también, es que salen de ahí tremendos músicos, que dominan la técnica de los instrumentos y pueden asumir repertorios distintos.”
Promocionar la investigación permitiría encausar las propuestas contemporáneas. Para “Chalena”, las canciones de William Luna no son huainos sino “baladas andinas”, ya que tienen el ritmo del huaino pero sus melodías no respetan la pentatonía tradicional, sino fija sus raíces en la “nueva ola” y la balada. Algo distinto, como la chicha peruana, que provenía de la cumbia colombiana y el huaino.
La formación de más musicólogos permitiría también el rescate y mejor archivo de los discos del siglo pasado, nuestro patrimonio; muchos de ellos se perdieron por ignorancia. Además de la elaboración adecuada de toda la información, como historia, géneros y biografías de los artistas. (José Vadillo Vila)
Además de publicar investigaciones de música en diversos países, ha editado recientemente los discos Cantares del duende (2005) y Canción clandestina (2004), en los que reúne sus composiciones en la mayoría de géneros tradicionales de Costa, Sierra y Selva.