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PROGRAMAS TECHO PROPIO, MI BARRIO Y MI COCINA TRANSFORMAN LA EXISTENCIA DE LOS POBRES Tres deseos de la vida hechos realidad La finalidad del programa Mi Barrio es atender la solicitud de asociaciones de vecinos organizados para que accedan a servicios de agua y alcantarillado, y también a vías de acceso, luz y campos de recreación
Susana Mendoza Sheen
Ser pobre en el Perú puede dejar de constituir una herencia fatal. Un círculo mortal que aún afecta la vida de millones de compatriotas. El Estado orienta sus acciones para que estas existencias anónimas recuperen su estima y su fe.
Techo Propio, Mi Barrio, Mi Cocina son algunos de los programas que desarrolla para cambiarles el rostro a quienes se empeñan en transformar ese círculo. A continuación, relatamos algunos sueños que se hicieron realidad.
Primero
Echada en su cama, mirando el cielo raso de su dormitorio, que también compartía con su esposo y sus hijas, Luisa Isabel deseó muchas veces mudarse de la casa de sus suegros. Sola, en compañía de una amiga o familiar, buscaba en los avisos de un diario la venta de un terreno o un traspaso, para dejar esa especie de cercado familiar.
Pero una mañana, en el escenario menos imaginado de su vida, se enteró que podía tener su casa propia, y así fue. Mientras esperaba su turno de atención en el hospital Augusto B. Leguía, una amiga le comentó que en Campoy, San Juan de Lurigancho, vendían departamentos por concurso.
Lo cierto es que al inicio dudó, ¡qué iba a ganarlo! Pero averiguó todo lo que el programa Techo Propio solicitaba a los interesados: no tener títulos de propiedad, no haber participado en otro concurso de vivienda, y como era esposa de un policía, usar el Fondo de Vivienda Policial (Fovipol).
Hizo lo que el programa le pidió. Cada uno de los trámites obligados. Fueron días agotadores. Entregó los papeles y esperó los resultados durante 30 días. Todo cambió. Salió su nombre en la página web del Ministerio de Vivienda como seleccionada. El 1 de mayo se mudó.
Trasladó con ella sus querencias, afectos familiares, sueños, expectativas mayores y el futuro de sus hijas. Gracias al Fovipol, a su empeño, a la paciencia de su esposo y a una oportunidad que aprovechó y que le brindó el Estado.
Sus vecinos de hoy vivían en cuartos alquilados o en casas de familia. Son de diversos sectores sociales y no es fácil la convivencia, sobre todo cuando hay que ponerse de acuerdo en el mantenimiento del complejo habitacional o el cuidado de las áreas verdes. Pero ella lo intenta. “Es un esfuerzo que quiero que hereden mis hijas.”
Segundo
Dentro de 75 días, Carlos Alberto Huamán Arias, secretario general del asentamiento humano Los Ángeles, verá que allí agua, desagüe, luz, pistas, escaleras, veredas, local comunal y áreas de recreación se instalarán y construirán como Dios manda.
“Nunca pensé tener todo junto”, afirma Carlos Alberto, jaujino y comerciante ambulante de muebles pequeños para el hogar. “Vendo por el Rímac o Jesús María, no soy casado y vivo con la madre de mis dos hijos, una parejita de 12 y 4 años.”
Tiene 35 años, y nunca imaginó, mientras corría en el campo de su tierra, vivir en Lima, mudarse a Canto Grande, en San Juan de Lurigancho, y pasar las de kiko y kako para contar con lo elemental y vivir decorosamente él y su familia, así como también sus vecinos. De eso hace más de 10 años.
El programa Mi Barrio es una iniciativa que desarrolla el Estado gracias al trabajo coordinado entre el Ministerio de Vivienda, el gobierno local (municipalidad) y la sociedad civil.
Permitió en esta oportunidad que además del asentamiento humano Los Ángeles, otros ubicados en esa zona de Canto Grande como Vista Alegre, Los Amautas y Santa Rosa se beneficiaran con este plan integral.
Un total de 327 lotes de vivienda y vecinos organizados participaron en el concurso. “Si no tuviéramos este proyecto seríamos como los entenados del Estado. Pasaron muchos años e hicimos gran cantidad de trámites. Pagamos varios estudios y muchos nos estafaron. Pero conseguimos nuestro proyecto de agua y desagüe sin costo alguno gracias a la municipalidad. Este expediente nos sirvió para presentarnos al concurso.”
El Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento promueve este plan a escala nacional. Porque esa es la finalidad del programa Mi Barrio: atender la solicitud de asociaciones de vecinos organizados para que accedan a servicios de agua y alcantarillado, pero también a vías de acceso, luz y campos de recreación.
Tercero
Bernardita Marquina posee nombre de santa, pero de santa no tiene un pelo. Dice no querer irse al cielo todavía, porque aquí la necesitan en todas partes, sobre todo en el comedor popular Túpac Amaru, ubicado en el asentamiento humano Huáscar, en San Juan de Lurigancho.
Ella y sus compañeras hicieron de todo para que el comedor funcionara: vendieron raciones, organizaron polladas, solicitaron donaciones y participaron en marchas. Diversas acciones con el fin de que las verduras, carnes o insumos para preparar el menú diario no subieran de precio.
Laboraron durante 20 años, así lo decidieron. No les quedaba otra, porque si no la comida para sus hijos no llegaba bien ni completa. “Con donaciones de los diversos gobiernos o sin ella, el comedor siempre existió”, asevera Bernardita con orgullo.
Son 20 socias y ella es la presidenta. Participan en el comedor popular Túpac Amaru, venden 200 porciones diarias a 1.50 nuevos soles al público y 1.00 nuevo sol a las socias.
Sopa, segundo y un vaso de refresco es lo que preparan en un turno que empieza a las siete de la mañana y termina a las cuatro de la tarde, después de haber lavado las ollas, limpiado la cocina y baldeado el local. Es la rutina diaria que cumplen por turnos.
“Empezamos en 1986 con las donaciones de Cáritas Lima y la verdad es que nos ‘sacamos la mugre’ para seguir adelante. Los gobiernos ayudaron, pero no como era necesario. A veces ya no creemos en nadie”, dice Bernardita, quien este año cumple 60 años. Era una mujer de gran vitalidad cuando decidió formar el comedor.
Desde mayo de 2005 su organización recibió el equipo completo del programa Mi Cocina: un balón de gas, una cocina semiindustrial con cuatro hornillas, dos ollas Nº 50, una paila, una espumadera y un cucharón.
“Gastábamos mucho en querosene, y ahora que compramos gas mejoramos la calidad del menú. Las entraditas contienen más verduras o el segundo más carne. Todos los comedores de San Juan de Lurigancho recibieron este equipo completo y además la capacitación para manipular la cocina.”
La vida de Bernardita continua activa, no para de trabajar desde hace 20 años. El comedor es su espacio de labor y de realización humana. “Nosotras nos servimos de él, pero también servimos a los demás. En Huáscar hay muchos niños abandonados; también ancianos y familias muy pobres.”
60 millones de dólares de créditos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) financiaron las primeras etapas de los programas Techo Propio y Mi Barrio, más una contrapartida del Gobierno peruano de 15 millones de dólares.
125 millones dólares se solicitaron al BID para impulsar la segunda etapa.
14,mil 614 módulos de cocinas se distribuyeron a los diferentes comedores populares a escala nacional.
En Lima: cinco mil.
En provincias: ocho mil 153 módulos con cocinas de gas.
Se suman también mil 461 módulos con cocinas mejoradas.