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opinion
Comunidades nativas y representación Carmen Meza Ingar / Abogada
En estos días de elaboración de listas de candidatos para los comicios generales que tendrán lugar en abril es oportuna la interrogante: ¿representación de todos los peruanos?, pues, no obstante la presentación de numerosas listas ante el elector soberano, casi siempre vemos no solamente algunos nombres, sino en puridad los mismos grupos de interés económico y social. En efecto, la historia de nuestro Parlamento prueba que sólo hubo honrosas excepciones en el mapa político. Hoy, por ejemplo, vemos a una noble representante del altiplano, la señora Arpasi, por su indumentaria colorida que ostenta con orgullo.
Sin embargo, sabemos que están presentes varios puneños de destacada actuación. También se halla la enfermera Rosa Yanarico, quien habla quechua y aimara, además de castellano. Pero las miradas de curiosos y fotógrafos se posan en la congresista que lleva vestidos del elegante folclor. Es evidente que en el siglo XXI los nativos que vienen a Lima se visten como nosotros. En la universidad de San Marcos estudian becados aguarunas, huambisas y machiguengas. Por ellos conocemos del aislamiento en que viven en su tierra natal y de los graves problemas de discriminación social y cultural, originados –a veces– en las normas de orden legal, que contravienen preceptos constitucionales, o en vacíos y omisiones de la ley.
Los machiguengas, que viven en Madre de Dios y a orillas del Beni, tienen nombres diversos según sus edades, pero el Registro Civil no admite esas enmiendas. Daremos el ejemplo en castellano: Pepito, el menor de 8 años; Pepe, el menor de 15; y José, el adulto. No se respeta la Constitución en cuanto declara el derecho de las etnias a proteger sus propios nombres.
Con los aguarunas ocurre que hace unos años llegaron los registradores y al encontrar que se llamaban Flecha, Sol, etcétera, los instaron a ponerse nombres occidentales y “apellidos”, sin tener presente sus tradiciones y costumbres. En esa oportunidad les dijeron que escogieran y los inscribieron con los apellidos de sus abuelos o tías, como preferían. Y al llegar el momento de hacer trámites sucesorios o para visa del padre o la madre de un estudiante en el exterior, no los admiten por no tener igual apellido del padre o por no haber colocado el apellido materno. No se respetan la Constitución ni el Convenio 169 de la OIT sobre indígenas y pueblos tribales de países libres. No se considera el vigor del derecho consuetudinario. Esta omisión legal “occidentaliza” a los nativos y dificulta su acceso a las oportunidades de ser elegidos en forma democrática.
Nuestro lema nacional (II) Juan Ricardo Vásquez / Profesor universitario
En nuestra primera nota, publicada el miércoles 18 en esta misma página, concluimos que nos falta mucho para alcanzar el sublime ideal de vivir unidos. En efecto, ante todo lo expuesto, y como buenos peruanos, tenemos mucho que hacer, y para comenzar se requiere de un conjunto de actividades que nos lleven a entender puntualmente la palabra “unión”, así como su interpretación y comunicación, pues ella nos dará la firmeza y la felicidad, la fuerza para progresar y desarrollarnos, y para vivir en seguridad interna y externamente. Podremos entonces defender con vigor nuestras razones. Resulta conveniente y consecuente recuperar oficialmente y como segundo paso la antigua frase: “Firme y feliz por la unión”, buscando su amplia difusión en todos los confines de la República y en los diversos niveles.
No podemos seguir pensando por ejemplo que el hombre del altiplano puneño o el selvícola, el arequipeño o el cajamarquino son peruanos de naciones totalmente diferentes; ello hace que se conviva peligrosamente con la desunión. Todos somos peruanos y debemos educarnos en el respeto mutuo e ir reduciendo las diferencias de todo tipo, en especial las socioeconómicas.
En ese sentido, llama la atención el conocer que en el interior del Perú exista únicamente una institución que se llame Firme y Feliz por la Unión; se trata de una prestigiosa logia limeña, perteneciente desde 1972 a la Gran Logia de Antiguos, Libres y Aceptados Masones del Perú. Sabemos además que a mediados de 2005 organizó un concurso histórico-literario denominado, precisamente, Firme y feliz por la unión: Mensaje para el siglo XXI, y hace poco preparó una conferencia-homenaje al prócer José Gregorio Paredes, la que se llevó a cabo el jueves 12 del presente, a cargo de un distinguido profesional peruano.
Hechos y actividades como los expuestos deben recuperarse. Resultaría muy hermoso para los peruanos que se lograse nuevamente que el El Peruano y todas las instituciones estatales, así como nuestros billetes porten como lema oficial: “Firme y feliz por la unión”, y paralelamente que todos los gobiernos desarrollen una campaña de docencia cívico-patriótica acerca de su urgente y necesaria interpretación.