El interés nacional de Perú y Chile los conduce a estrechar sus vínculos bilaterales.
El ministro de relaciones exteriores de Chile, Alejandro Foxley, afirmó, a fines de la semana pasada, su optimismo con respecto a la próxima firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con nuestro país; mientras que en el Perú mostró una actitud similar la ministra de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), Mercedes Aráoz.
Entre nuestros países existe una relación compleja, con “unas de cal y otras de arena”, para utilizar una frase castiza. Los peruanos nacimos a la vida independiente apoyados por la expedición libertadora encabezada por José de San Martín e integrada, en su mayoría, por soldados chilenos. Luego fuimos aliados en 1866, contra las pretensiones neocoloniales de la absolutista Isabel II de España; en 1879 vivimos un serio conflicto cuyas secuelas han perturbado nuestra relación durante el siglo XX, incluso después del definitivo tratado de Lima (1929).
Sin embargo, las decisiones en política exterior se deben tomar siempre a partir del objetivo interés nacional y, por tanto, no es posible que recuerdos dolorosos del pasado perturben la construcción de una relación bilateral si ésta conviene al objetivo interés nacional. Chile, luego de casi dos décadas de sano crecimiento económico, tiene interés en conquistar los crecientes mercados en el área del océano pacífico; y a ello se añade el lógico afán de incrementar la presencia de sus inversiones y su trato comercial con las naciones de América del sur. El Perú, un país que está iniciando el período de sano crecimiento, buscando mejorar sus relaciones económicas con los países de la región y con los que integran la cuenca del Pacífico.
Los hechos objetivos nos están mostrando una creciente relación económica bilateral, al punto que, según las realidades de la economía, somos cada uno el mejor socio comercial de nuestro vecino. Es este hecho objetivo el que debe imponerse sobre las desconfianzas generadas por cuestiones de nuestra compleja relación del pasado. Esperamos que la mejora de nuestra relación económica bilateral sea el primer paso para la construcción de la integración sudamericana. |