Fabián Vallas T.
fvallas@editoraperu.com.pe
Profundización de política de seguridad democrática en agenda
También figuran la reforma del Estado y la firma del TLC con EE UU
La guerrilla colombiana, principalmente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ha estado activa en días recientes a través de una serie de coches bombas que dejaron alrededor de 25 muertos. Sin duda, estos atentados tienen el objetivo de recordarles al presidente Uribe y a la opinión pública que las FARC continúan siendo una amenaza y unos interlocutores válidos dentro del complejo escenario político colombiano.
Gran parte del éxito electoral de Uribe es haber creado una política de defensa del orden interno. La propuesta de la seguridad democrática tiene un balance general muy positivo en el territorio del crimen común. Como dice el analista Alfredo Rangel: “Existe una baja del 37 por ciento de los homicidios y el 75 por ciento de los secuestros.” Pero el narcotráfico ha tomado nuevo impulso, no obstante que Colombia se convirtió en el tercer país del mundo con mayor ayuda estadounidense, y las FARC siguen siendo un factor desestabilizador. Dentro de su promesa de “mano firme”, Uribe se ha manejado estos años en el terreno de la ambigüedad de apretar el acelerador con mayor presión militar ante las guerrillas o aceptar algún tipo de negociación con las FARC. Tras un primer acercamiento fallido, todo indica que nuevamente se aleja la posibilidad de que las FARC ingresen en un proceso de diálogo como el que hoy se negocia con el ELN en La Habana.
Este sería el panorama pese al existencia de una gran presión, sobre todo de países europeos, para que el gobierno de Uribe impulse un intercambio humanitario con las FARC. La preocupación europea se vuelca sobre la situación de Ingrid Betancourt, una franco-colombiana que se encuentra secuestrada por la guerrilla desde 2002. También existe especial sensibilidad acerca de la posible amnistía que recibirían los grupos paramilitares recientemente desmovilizados. Muchos de ellos están acusados por grupos de derechos humanos de crímenes de lesa humanidad.
Por lo tanto, el escenario más probable en el segundo período presidencial de Uribe no será diferente al primero: presión militar del Ejército con pedidos de diálogo por parte de la comunidad internacional. Un segundo Plan Colombia de la administración de George W. Bush ayudará a consolidar algunos avances militares, pero la paz estará lejana. La posibilidad de que la comunidad internacional forme una especie de “Grupo Contadora” –que sirvió para lograr la paz de Centroamérica en la década de 1980–, a fin de terminar la violencia política en Colombia, parece ser todavía una alternativa.
Reformas. El otro gran campo será el terreno de las reformas de Estado. Lo importante es que Colombia, gran aliado regional de Estados Unidos, aparece como uno de los países que aún insisten en los grandes principios bosquejados dentro del Consenso de Washington en la década de 1990. Mientras que otras naciones de la región asumen posiciones más críticas cada vez. Como cualquier país latinoamericano, Colombia enfrenta serios problemas con su deuda externa; buscará la privatización de su empresa petrolera Ecopetrol, del seguro social y continuar con la flexibilización del mercado laboral.
La aprobación de un tratado de libre comercio con Estados Unidos parece que será la primera valla a saltar sin mayores problemas. Y espera que dicho acuerdo logre seguir reduciendo el desempleo; aunque, si bien es cierto que éste bajó de 16 a 10.5 por ciento, la mayoría de los nuevos empleos siguen siendo precarios. Para estimular más inversiones, continuará con su política de flexibilización laboral y la disminución de impuestos al gran capital. Todo esto ha favorecido a las grandes empresas y el crecimiento de cerca del 5 por ciento de la economía en los últimos dos años. Pero deberá enfrentarse también al problema de la pobre distribución de ingresos.
En resumen, existe gran expectativa de que el segundo gobierno de Uribe traiga prosperidad y desarrollo para Colombia. Para lo cual será importante enfrentar el problema de las FARC o aprender a minimizar sus efectos negativos. Como ningún otro país de la región, Colombia insistirá en las fórmulas económicas diseñadas en el Consenso de Washington. |