Dada la importancia de los servicios de comunicaciones postales para dinamizar las actividades productivas y exportadoras del país, generar puestos de trabajo, comunicar las áreas apartadas, rurales y pobres, apoyando el desarrollo socioeconómico descentralizado, urge la aprobación de una ley de comunicaciones postales, que promueva y regule el desarrollo de las inversiones y la calidad de estos servicios.
La ley debe incluir temas como: promoción de inversiones postales, otorgamiento simplificado de concesión, seguro de los envíos postales, prestación del servicio postal universal rural, su financiamiento a través de un fondo público, indemnizaciones a usuarios postales por la mala prestación del servicio (robos y pérdidas), financiamiento de acciones de supervisión y control de operadores, entre otros.
La red e infraestructura postales pueden ser utilizadas para un sinnúmero de servicios de valor agregado como el comercio electrónico, para lo que se requiere de servicios postales eficientes y confiables, con una plataforma mayor y fiable de distribución a escala nacional e internacional; todo lo cual debe ser parte del proceso de modernización y tecnificación de las empresas promovido por el Estado.
Asimismo, el servicio de comunicación postal también podrá contribuir al desarrollo del plan Sierra Exportadora del actual Gobierno, para ello se debe promover la expansión, el fortalecimiento y la sistematización de la red postal. Más aún ante la firma de diversos acuerdos comerciales que el Estado peruano ya suscribe con diversos socios comerciales.
Se debe garantizar que las exportaciones postales salgan por las diversas aduanas del interior del país, y no sólo por Lima y Callao, bajo un tratamiento especial con reglas claras, predecibles, desburocratizadas y ágiles, eliminándose la intervención discrecional de la Sunat; esto permitirá reducir los costos logísticos de exportación, ganándose mayor competitividad; además, el servicio postal es un poderoso instrumento para masificar la cultura exportadora de los peruanos.
El servicio postal también contribuye a democratizar el acceso al sistema financiero y bancario de los más pobres de las zonas menos accesibles del Perú. Asimismo, a través de este medio de comunicación los pobladores de las grandes urbes redistribuyen su riqueza a los familiares que se encuentran en el interior.
Por otro lado, la red postal internacional contribuye a la captación de divisas del exterior, pues una parte del envío de los mil 350 millones de dólares de los migrantes peruanos el año pasado a sus familiares residentes en nuestro país se hizo a través de concesionarios postales. En tal sentido, la futura ley requerirá ahondar sobre todos estos temas, a fin de promover su desarrollo sostenido.
Carlos Rosales Purizaca. Educador
La felicidad
La universidad de Leicester elaboró el primer mapa mundial de la felicidad usando datos proporcionados por la OMS y la Unesco. Nuestro país se ubicó en el puesto 115 de un total de 177 naciones. Se consideran varios parámetros, entre los cuales figuran la salud, el bienestar económico y el acceso a la educación secundaria.
Esta noticia invadió las primeras planas de los principales periódicos del mundo, y más allá de si se puede medir o no un tema tan complejo como es la felicidad humana veamos a fondo en qué consiste ser feliz. Hay quienes piensan que la felicidad es un ambiente o un estado en el que una persona se encuentra al final de la vida, después de haber conseguido satisfacer todas sus necesidades básicas o de lograr todas sus metas. En cierto modo eso es cierto, pero debemos remitirnos a los fines últimos de la persona humana. La felicidad no debe ser un fin por el cual el hombre tenga que obsesionarse –a veces de forma desesperada–, sino una consecuencia del obrar bien.
La felicidad y el sufrimiento tampoco son mutuamente excluyentes, pues muchas veces, para poder alcanzar fines trascendentes, es necesario una cierta dosis de renuncia, sacrificio y sufrimiento. La felicidad no es una utopía ni tampoco un idealismo, se puede alcanzar continuamente en nuestro devenir diario, siempre y cuando adecuemos nuestros actos a lo que realmente estamos llamados a ser: mejores personas.
Otra dimensión de la felicidad es la relación de ésta con el éxito y la excelencia. El éxito está vinculado con componentes materiales e intelectuales; mientras que la excelencia se conecta con el ejercicio de las virtudes y el servicio hacia los demás. Éxito y excelencia son básicos e imprescindibles en todo proyecto de vida humana, y como consecuencia de esa lucha por ser mejor llega la felicidad.
Si tomamos en cuenta la realidad socioeconómica de millones de personas que viven en la miseria y la pobreza, resultaría en principio una burla hablar de felicidad. La sociedad y el Estado deben garantizar que dichas personas cubran sus necesidades básicas para que sobre esa base sean protagonistas de su propio porvenir. Con frecuencia, solemos concentrarnos en nuestros éxitos y en la felicidad personal, pero olvidamos los fracasos y tropiezos de los demás. La persona es sociable por naturaleza y no debemos soslayar la ocasión para sólo preocuparnos por ser felices, sino permitir que los demás también lo sean.
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