MÚSICA. PROPUESTAS APUNTAN A QUE EL ROCK PERUANO SE CONVIERTA EN UNA INDUSTRIA competitiva en el Ámbito latinoAmericano
Se busca profesionales (del rock)
José Vadillo Vila
jvadillo@editoraperu.com.pe
Más allá del feeling, las guitarras distorsionadas y las chicas guapas, el rock es un negocio. Uno grande y particular. Mueve masas (de gente) y millones (de dinero) mientras habla de rebeldía y del forever young o el “eternamente joven”. Crea estilos de vida camuflado –como la inocente manzana de Blanca Nieves– en discos, polos, conciertos, videoclips y revistas. Un negocio tan natural como que el Sol alumbra de día. La historia es vieja. Se sabe que el primer empresario exitoso que manejó a una banda fue Brian Epstein, quien en 1962 consagró a Los Beatles. Los jóvenes roqueros entienden la situación, que América Latina y su “rock latino” es un gran mercado. No resulta gratuito que la cadena MTV haya creado en 1993 un brazo especializado en los videos latinos.
Cuando los músicos reaccionan a las exigencias del mercado internacional, los llaman “vendidos”. Sucedió con el cuarteto Arena Hash, que a finales de 1980 fue el primero en crearse una imagen para vender su producto en el Perú. A pesar de todo, triunfó.
Hoy, los roqueros metidos en el Internet y la globalización entienden que los esfuerzos individuales no bastan. Hay que crear una industria local fuerte y “profesionalizarse”. De lo contrario, el Perú será sólo un escenario vacío.
El sindicato. Aunque el término es más afín con el de asociación, la idea de fundar un sindicato del rock engloba metas como lograr que este género sea considerado cultura; traer artistas extranjeros imposibles por el tema de los impuestos; crear festivales serios; lograr la confiabilidad de los auspiciadores. Es decir, agruparse bajo el lema: “Si quieres dedicarte a esto de la música, tienes que profesionalizarte.” Andrés Bretel, joven productor musical, creó en junio el blog www.sindicatorockperu.blogspot.com. Hasta el momento, ha recibido la adherencia de algunos empresarios y 40 bandas de todo el país, entre “nuevos valores” y consagrados.
“No queremos enfrentar a los empresarios, sino unirnos en un solo concepto”, explica el cantautor Carlos Salas, otro de los generadores del proyecto. Se espera que la idea se formalice pronto como una asociación civil. Ambos recuerdan que en el Perú existe una industria endémica; que crea puestos de trabajo, desde los ayudantes o “plomos”, pasando por los músicos, hasta los dueños de los equipos de sonido y luces. La iniciativa apunta a que todos los puestos sean remunerados no sólo se vive del amor al arte. Que se entienda que el rock es sinónimo de trabajo antes que hobby.
Difusión y profesionalización. Un problema fundamental es la escasa difusión de las producciones nacionales. Salvo los consagrados, las radioemisoras limeñas (que por satélite abarcan casi toda la FM nacional) no pasan música de los grupos.
Los músicos con mayor sentido de autocrítica dan, en parte, crédito a las radioemisoras. Hay mucha inestabilidad de los grupos, editan un disco y desaparecen; los materiales no conocen de las exigencias del mercado, tanto en sonido como en imagen, etcétera.
Dicen que recién se empieza a valorar la figura de los productores discográficos. Tampoco los representantes y las pequeñas disqueras independientes son serios, no hacen un trabajo formal de promoción del material.
Con cartón. También este año, Emilio Pérez, guitarrista del desaparecido conjunto TK, lanzó la idea del grupo Loyal Trust. Dicho holding busca mezclar los principios académicos con lo humano que implica el negocio del arte, desde una Cadena de Favores de Justas Inversiones (CFJI). El holding de Pérez agrupa cuatro empresas que van desde la promoción de eventos artísticos, pasando por la creación de un espacio físico para los mismos hasta la producción de los videoclips y la consultoría y seminario para representantes (managers), con la finalidad de que ellos generen mercados sin la necesidad exclusiva de “sonar” en radios.
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