Lo urgente y
lo importante
Debemos reformar
la Constitución sin perturbar la vida social.
Henry Kissinger dijo una vez que cuando se ocupan los altos cargos políticos, lo urgente suele anteponerse a lo importante. Esta reflexión del ex secretario de Estado viene al caso cuando se plantea la necesidad de encarar de modo radical el asunto de las reformas constitucionales.
Si bien es indispensable que el Perú termine de solucionar el problema que heredamos del régimen autoritario –la vigencia de una Constitución que tiene mucho de jurídicamente endeble–, no podemos negar que nuestro país tiene un sinfín de asuntos cuya solución es urgente, los cuales, además, afectan de modo directo la vida de las grandes mayorías.
El Congreso, sin dejar de lado sus labores cotidianas, podría nombrar una comisión de expertos y encargarle la preparación de un conjunto de reformas constitucionales, las cuales, después de su aprobación por el Poder Legislativo, serían sometidas a referéndum.
De este modo, no se perturbaría la vida normal de los poderes del Estado ni se generaría un ambiente de incertidumbre, que la mayoría de las veces se produce cuando se convoca al poder constituyente debido a que éste suele empezar de cero y, a partir de esa situación de vacío, reconstruir las reglas básicas en que se fundamenta la vida social.
El Perú tiene múltiples problemas de urgente solución y, como es lógico, el pueblo desea que su calidad de vida mejore. Lo responsable y democrático es aproximarse a las mayorías en este tipo de cuestiones.
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