MATILDE GUILLOT, figura de la belleza de antaÑo
Memorias de una reina
Después de 49 años, Lima volverá a tener reina de carnaval
Soberana de 1958 recuerda reinado y sana diversión de entonces
TEXTO Y FOTO: JOSÉ VADILLO VILA
jvadillo@editoraperu.com.pe
La Lima que la coronó en febrero de 1958 era pequeña, alegre y familiar. Matilde Guillot de Zariqué venía desde Miraflores para pasear por el jirón de la Unión y tomarse algo en el Cream Rica.
Por entonces no existía Larcomar. El non plus ultra del amor de las adolescentes era deslizarse en la pista de patinaje del parque Salazar de la mano del chico que las atraía. Cual Cenicientas, a las nueve en punto de la noche debían estar en casa para cenar. Eran otros tiempos.
Matilde Guillot nunca pensó en ser reina de belleza, pero se divertía en las fiestas y los corsos durante los tres días de carnaval de cada febrero. Acababa de terminar la secundaria en 1957 en el Roosevelt y tenía 18 años cuando la invitaron a participar en el concurso Reina de la Juventud de la Gran Lima 1958, con el cual también se marcaría el nacimiento de la revista Gente.
Recuerda los ensayos con todas las participantes, que eran chicas de Miraflores. Los recortes que guarda narran la gran noche en el teatro Excelsior, el desfile en recatadas ropas de baño en la playa de La Herradura. Incluso un titular atrevido: “Como pide Chumbeque”, el piropo de entonces, haciendo símil al muñeco desnudo y redondito.
Cuando salió elegida, fue invitada de honor a las fiestas de los clubes de La Punta, el Lawn Tennis, el Regatas de Chorrillos, el Bolívar. Estaban de moda el mambo, la guaracha y el paso doble. La música la ponía Freddy Roland y su orquesta. También se reunió con el presidente Manuel Prado (1889-1967), quien le obsequió una foto autografiada.
Sí, la Lima de entonces se llenaba de chisguetes, pica pica, serpentinas con versos de amor impresos y talco. “Se jugaba con agua y pintura, pero no como ahora. Tampoco se jugaba con los transeúntes, sólo con la gente del barrio. No había drogas. Los chicos bebían, pero no perdían los papeles como veo ahora en las playas de Asia. Se ha perdido el decoro”, refiere la señora Guillot, quien tiene cuatro hijos y 10 nietos.
Se apenó cuando ese mismo año el presidente de la República prohibió los carnavales, debido a los desmanes ocurridos; pero que comparados con la violencia de los de ahora no serían tan alarmantes.
La señora Guillot enviudó hace más de un año del vicealmirante Guillermo Zariqué, con quien se casó en 1959. Sigue siendo la bailarina de siempre y no cree en los retoques del Photoshop, “La belleza se lleva adentro, no afuera”, asevera.
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