LA PRESENCIA FEMENINA EN EL ACONTECER SOCIAL AÚN CAUSA CIERTA SUsCEPTiBILIDAD EN LOS VARONES
Hacia la sociedad paritaria
María del Pilar Tello
Presidenta del Directorio de Editora Perú.
En el Perú cada vez son menos las mujeres avanzadas que exhiben complejos para afirmar que la mujer es superior –superior al hombre, se entiende. Pocos se atreverían a negar el rol esencial que cumple y ha cumplido la mujer peruana en una sociedad asediada por las carencias y la injusticia social. En este siglo XXI, cuando el concepto de sociedad paritaria se abre paso en el mundo, la realidad que vivimos es un acicate real para avanzar sin complejos hacia la progresiva equiparación de derechos y oportunidades de las dos versiones del ser humano, hombre y mujer.
Vamos dejando atrás la discriminación positiva en la valoración antropológica de la mujer que surgió como respuesta al largo período de discriminación negativa padecida por la mitad de la especie humana, desde el comienzo de la historia hasta la injustificable postergación profesional y salarial de la mujer de hoy o las cifras horrendas de la violencia de género.
En nuestro país, en el que la mujer lideró socialmente la lucha contra la violencia terrorista como lo sigue haciendo contra la pobreza, estamos en el camino correcto. La igualdad de oportunidades, la equiparación jurídica plena de mujeres y hombres nos permitirá dejar atrás la sistemática asignación a la mujer de funciones subordinadas al varón, en desmedro de una evaluación correcta y honesta de su capacidad para realizar las tareas que histórica y exclusivamente fueron asumidas por el hombre. De la mano de la revolución sexual las mujeres salimos de la oscuridad asumida como fatalidad y emergimos para constatar que hoy, en pleno 2007, la lucha por la igualdad y la sociedad paritaria han dejado de ser la utopía lejana y se han convertido en un objetivo perseguible, cercano y realizable.
El progresivo y marcado acceso de las mujeres al mundo profesional y académico es favorable a las mujeres. Nuestras policías, nuestras fiscales, nuestras magistradas, entre otros grupos con predominio femenino, forman un ejército de adelantadas en el que la integridad y la capacidad son estandarte reconocido y socialmente admirado. En nuestras universidades las mujeres alcanzan las mejores calificaciones, la gradualmente creciente presencia de mujeres en cargos o profesiones tradicionalmente reservados a los hombres –incluidos los de máxima calificación o responsabilidad– viene mejorando el funcionamiento de las actividades –políticas, empresariales, sociales– ocupadas por mujeres. Se constata también una moderada emigración masculina a ocupaciones tradicionales de la mujer, fenómeno todavía silencioso, en vías de incrementarse si se aplican políticas paritarias de conciliación de la vida profesional y familiar.
Hoy contamos con un gabinete casi paritario. La notable presencia femenina en las decisiones políticas y económicas aún causa asombro y cierta susceptibilidad en los varones. Y es que la capacidad de las mujeres peruanas brilla cuando se le permite el acceso a los poderes públicos. El gobierno de Alan García parece tenerlo claro. La necesaria complementariedad entre los sexos es un logro político y social que más temprano que tarde la sociedad peruana evaluará como un paso decisivo dentro del cambio responsable ofrecido. ¡Feliz Día Internacional de la Mujer!
EN EL DÍA DE LA MUJER
Historia y derechos
Gaby Cevasco.
Periodista, Centro de la
Mujer Peruana
Flora Tristán.
La desigualdad de las mujeres es una preocupación que se remonta a la antigua Grecia. Se dice que fueron los sofistas los primeros en hacer planteamientos al respecto. Esta desigualdad se afirmaba en los mitos, que presentaban dos proyectos de ser humano cargados de significados diferentes.
Un ejemplo es el mito de Pandora de Hesíodo, que narra cómo fue moldeada por Hefesto de una mezcla de tierra y agua, elementos contrarios al fuego, y que harán de ella un ser de sexualidad cínico y voluble.
Aristóteles legitima esta doble mirada del hombre y de la mujer cuando señala que las mujeres son naturaleza y los hombres, cultura.
Así, a lo largo de la historia occidental, los pensadores continúan dando significados diferenciados a estos dos proyectos de ser humano. En la Ilustración, Rousseau va a decir que por “naturaleza” el hombre pertenece al mundo exterior público, y la mujer al mundo interior privado. Es decir, el hombre pertenece al mundo de la producción, de la política, mientras que la mujer al mundo del hogar, de la crianza de los hijos.
El Contrato Social, que hizo a los hombres libres e iguales, excluyó a las mujeres. Con la Ilustración, la discriminación de la mujer va a ser legitimada con la ley. Hegel sostendrá que el destino de las mujeres es la familia y el destino de los varones es el Estado.
Frente a este tipo de pensamiento surgirán pensadores que cuestionarán la realidad patriarcal y el pensamiento que la sustenta. En 1405, Christine de Pisán criticó el discurso de la inferioridad de las mujeres en La ciudad de las damas. En 1673, el filósofo cartesiano Poulain de la Barre publicó Sobre la igualdad de los sexos, considerada la primera obra que explícitamente fundamenta la demanda de la igualdad sexual. En 1791, Olympe de Gouges murió en la guillotina por transgredir las leyes de la naturaleza al proclamar la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana. En 1792, Mary Wollstonecraft redactó la célebre Vindicación de los derechos de la mujer.
Paulatinamente, las mujeres pasarán de la queja a la demanda de sus derechos. Para el siglo XIX, el feminismo aparecerá como un movimiento social de carácter internacional.
El feminismo, con su teoría y su propuesta política, entrará a los espacios políticos, académicos, privado, transformando las relaciones entre hombres y mujeres, desde lo más íntimo a las superestructuras sociales.
En el Perú, el feminismo ha sido un protagonista de los cambios vividos en relación con las mujeres. Ha visibilizado su situación de desigualdad, la violencia contra ellas, se ha avanzado en el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos.
Tal vez los cambios más complejos se han dado en la dimensión cultural.
Hoy, 8 de marzo, se debe recordar al mundo la lucha que han desarrollado las mujeres y no pocos hombres por acabar con la desigualdad y hacer posible una sociedad más justa.
|