El Congreso y la reforma del agro
Diego Isasi, director ejecutivo de Reflexión Democrática
El desarrollo del sector agrario ha sido uno de los lemas clave de todo gobierno. Con justa razón, pues concentra a la población más pobre del país. En las zonas rurales, el 72.5 por ciento de los habitantes es pobre. Este Gobierno y el Congreso no han sido ajenos a esa lamentable realidad y promovieron diversas medidas dirigidas a impulsar el sector agrario. No obstante, si esta vez queremos tener éxito es necesario marcar una clara diferencia con los intentos anteriores.
Si las medidas utilizadas hasta el momento (créditos estatales, fondos de garantía, protecciones arancelarias, exoneraciones tributarias, amnistías de deudas, subsidios a los insumos) no han resuelto el problema, debemos revisar la estrategia y pensar en aquellos mecanismos que sí puedan hacerlo. La razón por la cual, a pesar de todos los esfuerzos realizados hasta el momento, la agricultura no despega es porque las medidas listadas anteriormente ni hacen más rentable al sector ni incentivan su desarrollo, pues son sólo paliativos.
Si queremos curar los problemas del sector agrario no podemos seguir atendiéndolo con “morfina” cuando lo que se requiere es “cirugía”. Más aún cuando, al parecer, el sector estaría sufriendo algunos síntomas de adicción a aquella medicina que tantas veces se le ha ofrecido.
Para emprender un cambio radical debe atenderse la problemática de fondo. Y en ese camino el Congreso tiene tres iniciativas de ley en sus manos que marcarían una reforma sustantiva de la agricultura en el Perú: 1) una ley de aguas que aliente el otorgamiento de derechos de uso y el cobro por el empleo de recursos a la valoración del mercado, sin subsidios; 2) una ley de explotación forestal que permita la venta de áreas forestales incentivando así el desarrollo a gran escala del subsector; 3) una ley de tierras que permita su explotación eficiente, resolviendo el problema de los minifundios.
Dato
Con sólo estas tres leyes, el Parlamento Nacional puede considerarse el gran revolucionario de la agricultura en el Perú. Recordemos que aunque calme las presiones de la coyuntura, la morfina es dañina, cara y además muy adictiva.
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