CombinaciÓn. De tÉcnicas europeas con insumos netamente nacionales da vida a la carta que ofrece el Maximiliano
Sazón mediterránea con sabor peruano
Renueva su carta y sorprende con innovadoras creaciones. Sabores se mezclan bajo la mirada de la chef Carolina Noriega.
Cecilia Fernández SÍvori
mfernandez@editoraperu.com.pe
Atraer el paladar del curioso o del exigente gourmet es uno de los objetivos del restaurante Maximiliano ni bien abrió sus puertas, con un campo como el de la culinaria, tan vasto y de múltiples sorpresas transformadas en sabores. Para centrar su propuesta, sus impulsores no dudaron en combinar las técnicas de la comida europea con insumos netamente peruanos, para dar origen a un estilo propio, que con orgullo resumen en la sabia frase: “Cocina mediterránea con sabor peruano.”
Así, desfilan, ante quienes quieran degustarlos, el tacu tacu de pallares con picante de camarones y el mero en risotto de ají amarillo, creaciones de la chef Carolina Noriega, dama de la cocina que ingeniosamente ha plasmado en la carta su toque culinario, sin divorciarse de la propuesta primigenia.
Ella tuvo en su haber la responsabilidad de ser chef del conocido restaurante Zena, por lo que incorporarse ahora al equipo del Maximiliano fue una aventura que dejó como humeante saldo 22 diferentes platos, muchos de ellos hijos de la inventiva de Carolina y otros que se constituyen en clásicos del lugar.
Algunos platos de la nueva carta
Si tiene ocasión de visitarlos se plantean como novedades para el comensal los langostinos jumbo al aroma de leche de coco, pasta de curry roja y toques de culantro y perejil, si prefiere otra opción; los anticuchitos de pez espada cepillados con salsa de miel de higo tipo buñuelos con puré de papas en morterito al aroma de albahaca. Un plato de fondo que se suma al tacu tacu y al rissoto es el medallón de lomo en salsa de Pedro Ximénez, frambuesas e higos sobre risotto de arúgula y canasta de queso manchego.
La nota dulce la pone un Napoleón de suspiro a la limeña con crocante de nueces de Brasil o un risotto de chicha morada en su salsa con helado de vainilla de la casa; si es partidario de los bizcochos, pues los tiene en aceite de oliva arequipeño con relleno cremoso de dulce de leche bañado en chocolate.
Este restaurante que abrió sus puertas en octubre de 2006, se alberga en una casona de estilo republicano que perteneciera a la familia Berninzon. Situada en el distrito de Barranco, es considerada patrimonio nacional. Su construcción se inició en 1875 y culminó en 1895.
Fue reestructurada durante 1993-1996, y hoy, dentro de su singular edificación, recibe en el restaurante a poco más de un centenar de clientes.
Cuenta con una cava a cargo del sommelier Giovanni Bisso, quien tiene bajo su manejo alrededor de mil botellas de cerca de 130 diferentes marcas de vino, cuidadosamente temperadas.
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