Agricultura y desarrollo
Existen dos hechos que muestran lo paradójica que es la realidad del Perú: por un lado tenemos una agricultura de exportación muy dinámica, integrada al mercado mundial y, por tanto, adaptada al mundo globalizado; y, por otro, resulta muy tradicional, tanto que no pecaríamos de exagerados si la calificamos de “primitiva”, caracterizada por ser casi de subsistencia y adecuada con dificultades al propio mercado nacional.
Por otra parte, es importante tener presente que los mayores índices de pobreza extrema se encuentran justamente en las zonas rurales y que de esta situación son víctimas, sobre todo, la gente del campo. De aquí debemos deducir que resulta fundamental llevar a cabo una política que dé prioridad a la incorporación de los campesinos pobres al competitivo mundo globalizado de hoy.
Por esta razón son alentadoras las palabras del ministro de Agricultura el último fin de semana, en el sentido de priorizar los sistemas de irrigación y la asistencia técnica. La idea de Sierra Exportadora tiene como principal finalidad apoyar a los campesinos del Ande, para que puedan ingresar al mundo de hoy efectuando exportaciones al mercado internacional.
Los países desarrollados exponen diversas exigencias –básicamente en control de calidad– con las cuales no siempre la mayor parte de los productores pobres puede cumplir. Por ello, se requiere del apoyo del Estado mediante el asesoramiento y la cooperación técnica y crediticia. De esa manera, se brinda un sano intervencionismo estatal a favor de la incorporación de los marginados a la economía de mercado.
Apoyar a los campesinos para que se incorporen al mercado mundial constituye una labor esencial en un Estado promotor.
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