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COSECHA. EN HUANCAVELICA TUBÉRCULO SORPRENDE POR su variedad de TAMAÑOs, FORMAS Y COLORES
Los bancos comunales de papa
Secreto de su gran variedad es rotación de suelos y modo de cultivo.
Preciado alimento es conocido desde hace siete mil años.

Texto y fotos Karina Garay R.
kgaray@editoraperu.com.pe

A escasos metros de besar el cielo, a un respiro de coronar los cuatro mil metros sobre el nivel del mar, conservacionistas ancestrales trabajan con uno de los cuatro mayores cultivos que nutren a los habitantes del planeta: la papa.

Aunque su labor es desconocida por las multitudes, la bioseguridad alimentaria es posible también gracias a ellos. Se mueven en las bajas temperaturas como peces en aguas tropicales, y sus manos grandes y fuertes combinan sabiamente la fuente de los tubérculos que adquirimos cómodamente en el supermercado más cercano.

Estamos en las colinas de la comunidad de San José de Aymará, de la provincia de Tayacaja, en la zona andina de Huancavelica, entre un grupo de campesinos que junto a sus esposas –algunas con bebés sobre sus espaldas– peinan diligentemente con sus raucanas la dócil tierra, que cobija a más de dos mil variedades de papa.

Una vez despojadas del abrigo son dejadas en grupos muy cerca del lugar de cosecha. Sorprenden sus colores, tamaños y formas. Ninguna se parece, pese al espacio reducido en que se criaron: un poco más de una hectárea.

Historia
La existencia de la papa se remonta a siete mil años. Hace dos años, David Spooner, investigador del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, tras estudiar el ADN de 261 variedades silvestres y 98 variedades cultivadas, determinó que su centro de origen se encuentra entre las regiones del Cusco y Puno.

En Huancavelica, la discusión de semejante descubrimiento no despierta asombro, ya que no hay duda sobre la peruanidad de la papa, aunque se trate de un cultivo compartido con otros 129 países.

Ana Panta Lalopú, responsable del banco de germoplasma in vitro del Centro Internacional de la Papa (CIP), dice que así ellos no tengan ingentes cosechas, se saben ganadores frente al resto, gracias a la gran variedad.

Incluso cuentan con un banco comunal de semillas, en el que guardan 244 repatriadas (de la misma zona o áreas aledañas), a las que se suman otras 220 de cultivos locales.

Carlos Hidalgo Romero, responsable de esta cosecha, y quien no muestra incomodidad alguna ante el frío reinante –dos grados Celsius–, nos cuenta que el secreto de su gran variedad es la rotación de suelos (tras la cosecha se deja descansar el terreno por cinco o seis años); al igual que su modo de cultivo, conocido como chaqru.

Juntas se protegen
Chaqru quiere decir “sembradas en grupo, para que se protejan unas a otras”, explica Panta Lalopú, mejorándose así su tolerancia a las heladas y granizadas.

Si unas mueren otras sobreviven. Cada una tiene sus fortalezas, conocidas por muy pocas comunidades y por el CIP, que es el mayor centro de conservación de este cultivo en el mundo. En su interior alberga cuatro mil 288 variedades.

“Debido a que es muy difícil su mantenimiento saludable en el campo, el CIP ha desarrollado tecnologías modernas que nos permiten tenerlas en forma segura y en un menor espacio, en tubos de ensayo, a modo de plantas probeta. Para eso contamos con personal calificado que hace un trabajo de cirugía, a fin de producir plantas libres de todo patógeno, las que son entregadas después a los campesinos”, refiere el curador del banco de germoplasma del CIP, ingeniero René Gómez Zárate.

Explica que los conocimientos de conservación de los campesinos de Huancavelica se vieron complementados desde 1998 gracias al programa de bancos comunales, por el cual se han entregado semillas limpias de virus, lográndose un incremento sustantivo de la producción.

Gracias a esa labor conjunta, este año la comunidad de San José de Aymará abrió la tierra con esperanza; lo que no ocurrió en la comunidad de Chopcca, que perdió su cosecha el 17 de febrero.

Raúl Ccanto Retamozo, ingeniero agrónomo de la ONG Grupo Yanapai, que trabaja en esa comunidad, huancavelicana también, relata que una helada ocurrida antes de tiempo acabó con los cultivos sin madurar, y que la idea de lograr un intercambio de semillas entre comunidades explicaba la presencia de una comitiva venida desde tan lejos.

Enfundado en un traje oscuro, bellamente decorado con broches y zurcidos multicolores, Sabino Haype Quispe, del grupo visitante, tomó la palabra para expresar la esperanza de regresar con las variedades que habían perdido y que dejaron sin sustento a más de ocho mil personas.

Dice que era la primera vez que estaba allí, que la papa no sólo servía para comerla, que significaba mucho más, que era un “regalo” en su comunidad, entregada en eventos especiales como matrimonios, bautizos o cuando se llegaba a casa de un familiar lejano.

Que cuando los agricultores perdían sus cosechas y con ellas sus semillas, obtenían algunas para empezar de nuevo gracias a prácticas como la minka, a través de la cual se ceden semillas en pago por algún trabajo efectuado.

Tras contarnos la estrecha relación que los une a la tierra, y que los hermana a la comunidad San José de Aymará, Haype Quispe se retiró con su grupo, para seguir inventariando las papas recién cosechadas. Al final se llevarían 100 variedades consigo.

Los conocimientos de conservación de los campesinos de Huancavelica se complementaron desde 1998, gracias al programa de bancos comunales.

De interés
Labor científica

1) El CIP trabaja en la validación del conocimiento campesino respecto a las características nutritivas de la papa. Se sabe de su alto contenido de vitamina C y sus componentes antioxidantes.

2) Las papas mejoradas, resultado de diversos cruces, son cultivadas desde 1950. Entre las más conocidas figuran: Yungay, Revolución, Canchán y Perricholi.

3) Contra las granizadas. Para evitar sus daños, los agricultores emplean cohetes, de preferencia de dos tiempos, para conseguir un mayor efecto en la onda expansiva dirigida hacia las nubes. Otra práctica ancestral es “hacer silbar al cuy”, que consiste en levantar un cuy hacia la nube negra y pellizcarlo para que grite.

4) Si bien la mayor cantidad de papas del banco de germoplasma del CIP procede del Perú, en total se guardan muestras recogidas en 12 países del continente americano.

Huatia caliente
Tras la cosecha, las mujeres recogieron algunas de las muestras más grandes y con ellas hicieron una huatia, especie de pachamanca con diversos tipos de papas.
Mientras humeaban los arbustos de la cocina sobre tierra, doña Anatolia Pérez menciona que la papa es también juego, vida.

Nos habla de los padecimientos que pasan las mujeres que desean casarse, a quienes se les regala la famosa yuraq llumchuy waqachi (que hace llorar a la nueva blanca), cuyos interminables hoyuelos hacen de la labor de pelarla una tarea más que imposible de realizar sin cercenar la pieza. Todo un reto para quienes desean formar pareja.

Hay algo que asemeja a esta comunidad con sus pares del resto del país, y es su enraizada cultura alrededor de la papa. Sin embargo, existe un aspecto que la distingue: su labor conservacionista.

“Son muy acuciosos. Son los ganadores de cada concurso al que se presentan”, comenta el ingeniero Gómez, del CIP.

En cuanto al futuro del trabajo que llevan a cabo, Hidalgo Romero asevera que si bien algunos de sus hijos miran con mucho interés la ciudad, “saben que no se irán para siempre”.

“Son gente muy sabia”, expresa por su parte Panta Lalopú. Cree que lo que falta es trabajar más en su educación, para que no se avergüencen de lo suyo.

“Ellos mismos están ahora recibiendo mayores beneficios por sus buenas cosechas, para que cuando vuelvan a sembrar recobren la esperanza de continuar”, sostiene.

 

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