ENFOQUE. ESTADO Y SOCIEDAD SE UNEN PARA ENFRENTAR ESTA REALIDAD
Trabajo infantil: un mal mayor
Gabriel Valdivia Vélez
jvaldivia@editoraperu.com.pe
La historia de Martín y Adelina es la de muchos menores que trabajan para llevarse un pan a la boca. Sin perder la sonrisa y como si se tratara de un juego, ellos deambulan la sinuosa noche de La Parada llevando los choclos sancochados que su padre alcohólico los obliga a vender. No ganan mucho, pero han perdido bastante. La inocencia de Adelina se hizo añicos en manos de un drogadicto y el rostro de Martín está cruzado por un costurón, que le recuerda que no pudieron robarle los 12 nuevos soles que llevaba en el bolsillo.
El trabajo obligado, nocturno, los expone al peligro cada segundo, pero no los amilana; así subsisten y de esa manera enfrentan una realidad que no escogieron.
Las impresionantes cifras de chicos que se incorporan a labores prohibitivas, en contextos geográficos disímiles, pero con exactas cuotas de abuso y riesgo, han despertado la conciencia de gobiernos, organismos, ONG y medios de comunicación, y se intenta cambiar esta lacerante realidad.
El 12 de junio de 2002, la Organición Internacional del Trabajo (OIT) lanzó una observancia internacional con la finalidad de destacar el movimiento mundial para eliminar este tipo de trabajo, especialmente en sus peores formas.
En el Perú, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) revela que unos dos millones de niños, niñas y adolescentes entre 6 y 17 años trabajan en largas jornadas, y por ese motivo dejan de asistir a la escuela o sufren retraso en sus estudios.
Isaac Ruiz Sánchez, responsable del Programa de Derecho del Niño y Adolescente del Cesip, considera que el Estado ha logrado avances en la erradicación del trabajo infantil, pero, básicamente, en el plano normativo. “Ha definido el listado de trabajos peligrosos, los ha caracterizado y son aquellos en los que no puede trabajar ningún niño, por su naturaleza y por las condiciones en que lo realiza.
“En la zona urbana se aprecia en actividades que lindan con la mendicidad; también en trabajo doméstico, mercados, comercio. En las zonas rurales, en actividades vinculadas con la agroexportación, cumpliendo funciones en la cosecha y en algunas fases del procesamiento.”
El especialista explica que esto no significa que las empresas ocupen directamente a menores, sino que se presenta a través del contrato que establecen con los trabajadores adultos, que es por rendimiento o a destajo; entonces, los padres incorporan a sus hijos e hijas a fin de cumplir la cuota fijada. “Esta situación se da, por ejemplo, en las ladrilleras, y seguramente pasa en la zona rural.”
El representante del Unicef en el Perú, Guido Cornale, juzga que la labor infantil no debe interferir con la escuela. “El hecho de hacer un trabajo de apoyo a la familia no debe interferir con la salud y la nutrición, y tiene que permitir el aprendizaje de algo que no se aprende en la escuela como las tareas agrícolas. Bajo estas condiciones, el trabajo infantil puede ser aceptable.”
Sin embargo, si el niño, por ejemplo, se la pasa sembrando coca, o, peor aún, se dedica a trabajar en las pozas de maceración, eso daña su salud, interfiere con su educación y puede considerarse una de las peores formas de trabajo infantil, que debe castigarse.
¿Qué hacer?
Ruiz Sánchez insiste en que el Estado debe dejar el plano normativo y entrar en una etapa de ejecución. “El plan nacional aún no logra ponerse adecuadamente en funcionamiento. Varios gobiernos regionales, a través de las direcciones regionales de trabajo, constituyen comités para prevenir y erradicar la labor infantil, pero de allí no pasan.”
En este sentido, Guido Cornale coincide con él cuando refiere que existen normas y que hay instancias públicas que deberían implementarlas, pero por falta de capacidad institucional y humana no se llevan a cabo a plenitud.
“El Perú está en una época de bonanza. Debemos ver qué porcentaje del PBI es el gasto público social, pues es el más bajo del promedio regional de América Latina. El recurso humano y el organizacional aún no están capacitados para gastar el recurso financiero con eficiencia y eficacia,”
Añade que todos somos responsables de que el trabajo infantil ocurra: el Estado, la sociedad, la familia. “Si decimos que es deber del Estado asegurar servicios sociales de calidad, es también responsabilidad de la familia que estos servicios sean aprovechados al máximo.”
Panorama preocupante
El titular de la Dirección de Protección al Menor y Seguridad en el Trabajo del Ministerio de Trabajo, Guillermo Fustamante, afirma que el 70 por ciento de los niños que trabajan en el Perú, es decir, un millón 750 mil, realiza labores agrícolas y sufre algún grado de explotación laboral y económica, que le impide estudiar y desarrollar actividades propias de su edad.
Asegura que la cifra global bordea los dos millones 500 mil menores que son explotados por empresas, por sus propios padres e incluso en actividades ilícitas.
El hecho de existir pobreza y necesidades económicas no cubiertas por las familias no debe llevar a los padres a emplear a sus hijos. En este contexto, dice que entre las sanciones administrativas impuestas por el MTPE a las empresas que tengan niños trabajadores, se consideran multas que fluctúan entre las cinco y diez UIT (17 mil 250 a 34 mil 500 nuevos soles), según la gravedad de la infracción, sin perjuicio de la denuncia penal que formule el Ministerio Público.
La vida y la salud de los niños debe ser prioridad de la sociedad y del Estado.
Isaac Ruiz Sánchez
"La niñez es el tiempo de jugar y estudiar. Los adolescentes sobre la edad mínima legal deben estar protegidos para que trabajen en las condiciones que el Código del Niño y el Adolescente establece.”
Guido Cornale
"Es obligación del Estado luchar contra el trabajo infantil, abrir más escuelas y asegurarse de que no sólo se inscriban en ellas, sino que permanezcan y aprendan.”
Cosechando abusos
Actividades como la minería, la construcción y la agricultura han sido identificadas entre los sectores más peligrosos en términos de muerte, lesiones y enfermedades, y en el caso de este último, el Perú concentra un enorme porcentaje en el área rural, debido a su escasa reglamentación, lo que encubre situaciones de explotación preocupantes
La OIT informa que a escala mundial más de 132 millones de niños y niñas de 5 a 14 años trabajan en el campo, de allí que este año el día mundial esté dedicado al tema del trabajo infantil en la agricultura.
Una rápida mirada al panorama rural nacional permite establecer que los niños y adolescentes trabajan principalmente por razones económicas, para contribuir al ingreso familiar o ayudar a sus padres en las plantaciones.
En el caso de la labor de los niños en zonas cocaleras, un informe del Unicef de 2006 revela que en nuestro país existen más de 50 mil hectáreas de coca cultivadas, de las cuales el 70 por ciento se encuentra concentrado en los valles de los ríos Apurímac y Alto Huallaga. En el Alto Huallaga, el 95.87 por ciento de niños entre 6 y 17 años trabaja en la chacra o en el hogar. Mientras que en los valles del Río Apurímac-Ene esta cifra llega a 82 por ciento.
Datos
- 2 millones de niños, niñas y adolescentes trabaja, en promedio. Del total, el 21.1% estudia y trabaja; el 5.4% sólo trabaja; el 69.4% sólo estudia; y el 4.1% no estudia ni trabaja.
-
Los menores entre 6 y 17 años de los departamentos de la Sierra y que comparten el estudio con el trabajo se encuentran en mayor medida en Puno, Apurímac, Huancavelica, Cusco, Áncash y Ayacucho.
-
De los niños de 6 a 11 años ocupados del sector rural (1’380,040), el 11.6% sólo cuenta con educación inicial; 39.2% tiene algún grado de educación primaria; y el 0.4% terminó sus estudios primarios.
-
De los pequeños de 6 a 11 años trabajadores de las zonas urbanas (605,451), el 2.2% no asiste a un centro de educación inicial; un 19.4% no termina la primaria; y sólo un 0.4% concluye la primaria.
Labores peligrosas
En julio de 2006, el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social aprobó una lista de actividades peligrosas, que por su naturaleza o por las condiciones en que son llevadas dañan la salud, seguridad o moralidad de niños y niñas.
Está el caso de trabajos en minas, en subterráneos, en lavaderos de oro, que se realizan en jornadas que superan las seis horas diarias. También las labores en que se usan maquinarias, herramientas manuales o mecánicas, y las que impliquen manipulación o exposición a químicos y tóxicos.
Iris Ramos Miranda, psicóloga. Dirección de Salud Ocupacional del Minsa
Desde el sector Salud
Como Estado, nos hallamos inmersos en hacer algo para neutralizar los riesgos a que están expuestos los niños; y como representantes del sector Salud, lo hacemos desde varios ámbitos, básicamente, en tareas de prevención, como ocurre con Escuela Saludable, con la que tenemos un convenio. En cuanto a estratregias sanitarias, desde la perspectiva de la salud sexual y reproductiva abordamos el tema de la maternidad precoz, pues, en los sectores más pobres hay una mayor cantidad de hijos y eso muchas veces los lleva al trabajo infantil.
Desde la Digesa, donde vemos el tema de la salud ocupacional, identificamos el número de niños que han sido afectados por accidentes o diversas enfermedades ocupacionales.
Esa base ha servido para aportar al perfil del proyecto Intervención en la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil, documento que acabamos de presentar.
|