VISIÓN. ESPECIALISTA AFIRMA QUE RECUPERACIÓN DE VÍCTIMAS DE VIOLENCIA ES UN PROCESO LARGO
El Perú necesita divanes
Reconoce avances, pero también que se requiere más recursos.
Hay formas colonialistas que siguen violentando a la ciudadanía, sostiene.
Susana Mendoza Sheen
smendoza@editoraperu.com.pe
El Gobierno acaba de hacer público el cumplimiento de una parte del Programa de Reparaciones Colectivas. De esta manera, el Estado ratifica su compromiso de atender a las víctimas de la violencia que generó el terrorismo durante el período 1980-2000. La sociedad también debe cumplir un papel y el Centro de Atención Psicosocial (CAPS) lo hace, su director, el psicoterapeuta Carlos Jibaja, comparte en esta entrevista su visión y experiencia de trabajo sobre el tema.
¿La persona víctima de la violencia política se recupera?
–Es un proceso largo, que requiere de encuentros grupales a cargo de un agente de cambio como un psicólogo, trabajador social, promotor de salud o cura, capaz de oír y tolerar la carga de dolor que tiene la persona afectada. A partir de esa relación, se recuperará sin olvidar lo que pasó. Eso no se borra. Lo que se consigue es que no se paralice, que siga creando, construyendo lazos y encuentre sentido a lo que hace en la vida.
¿La desaparición de un familiar permite a la familia reconstruirse?
–El fantasma del desaparecido no se termina de enterrar nunca porque no hay un cuerpo para hacerlo, y en la mente del familiar se conserva la posibilidad de encontrarlo, de recuperarlo, no admite que está muerto. Los lazos se le trastocan porque todo está supeditado a la aparición. A esto se le llama “duelos especiales”.
¿Los familiares se resisten al cambio por mantener la memoria de su ser querido?
–Por supuesto, porque aceptar la muerte de un hijo es realmente matarlo, es traicionar a ese fantasma. Hemos trabajado mayoritariamente con mujeres porque las personas desaparecidas fueron hombres. Ellas se quedaron y resistieron. Y a diferencia de los hombres, desean construir, conservar y consolidar sus hogares. A pesar del dolor desarrollan una mirada interna para entender lo que sienten y buscar cómo resolver el problema. Los hombres tienen más miedo de conectarse con sus sentimientos, tienden a manejar los problemas de otra manera: más trabajo, amistades o alcohol.
¿Nuestro país necesita un diván?
–Varios divanes. Creo que ayudaría muchísimo que el Estado vaya más allá del éxito de la macroeconomía y otorgue el presupuesto apropiado.
¿Qué se debe hacer?
–Desde el lado de la violencia, habría que pensar qué instancias siguen violentando a la ciudadanía. En nuestro país aún existen miles de peruanos que no tienen DNI, no aparecen como ciudadanos. Las personas no están empobrecidas sólo por la cuestión económica, sino porque la violencia hace que todo el potencial que tienen como seres humanos con derechos no se desarrolle.
¿El Estado todavía agrede a los ciudadanos?
–Sí y tiene que ver con formas de relación todavía colonialistas, en donde hay señores y siervos. Esa relación asimétrica es violenta porque una parte no ha desarrollado aún mecanismos para dejar su condición servil y convertirse en sujetos de derecho.
¿Qué es lo que hay que curar?
–El tipo de relación diferencial que establecemos, el cómo tratamos a una persona cuando vemos que no es de nuestra misma situación económica, por ejemplo. Hay que tener mayor conciencia de que estas actitudes están profundamente internalizadas y que se expresan inconscientemente pues responden a una forma de crianza y a patrones con los cuales vivimos.
Las personas no están empobrecidas sólo por un tema económico; la violencia les anula todo el potencial que tienen.
Aprendizaje
El Centro de Atención Psicosocial (CAPS) tiene un antecedente: el equipo de terapeutas de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos en 1994. La secretaría ejecutiva fue desbordada por personas que iban a sus servicios buscando ayuda concreta, judicializar sus casos o hablar de justicia y de castigo a las personas que les habían hecho daño. Se quebraban, y lloraban horas delante de abogados, trabajadores sociales o sociólogos.
Nos plantearon nuevos retos, como transformar el tipo de técnica que aprendimos académicamente. Salimos de los cánones clásicos de lo académico y del trabajo clínico, para empezar a prepararnos en un tema que desconocíamos. Pasamos de la experiencia del trabajo individual, a la colectiva. De un enfoque netamente clínico a uno psicosocial. Fue un aprendizaje.
Desde el enfoque psicosocial no hablamos de enfermedades, hablamos de personas afectadas por violencia política porque pensamos que el problema en sí no es un problema interno de las personas, sino de una violencia que se generó social y políticamente.
Espacio psicosocial
- El espacio psicosocial es flexible, allí se construyen cosas. Es de encuentro y reconocimiento y la posibilidad de establecer una relación con un agente de cambio para hacer una reflexión crítica en relación con la violencia.
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Las personas y grupos cuestionan patrones aprendidos que no se daban cuenta que tenían, y se hace historia de la memoria, de las cosas que hicieron en su vida o las vivencias traumáticas que tuvieron.
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Es el espacio de reconocimiento de “los otros”. La palabra clave es el reconocimiento.
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