Agitación y retroceso
A la huelga desatada por la dirigencia del Sutep se suman grupos –liderados en la mayor parte de los casos por sectores de extrema izquierda– que anuncian reivindicaciones en un alto porcentaje delirantes y que muestran un total desconocimiento de la forma en que funciona la economía; por ejemplo, pretender que el Gobierno frene el alza de determinados productos, desconociendo que en una economía como la nuestra los precios se fijan por oferta y demanda.
Este clima de desorden se manifiesta sobre todo en el sur del país, y en algunos casos parece obedecer a un criterio suicida: ciudades como Arequipa y Cusco, que viven del turismo, deben soportar no sólo paralizaciones que se hacen en nombre de plataformas en gran medida irracionales, sino que además allí operan grupos que, sin escrúpulo alguno, efectúan acciones destructivas que, entre otros perjuicios, espantan a los visitantes.
El daño mediato es la pésima propaganda que harán los viajeros que tuvieron que cargar sus maletas desde el aeropuerto o aquellos que soportaron las pedradas contra sus unidades de transporte, a lo cual hemos de añadir la mala publicidad que suponen las informaciones periodísticas difundidas a escala mundial. La cancelación de paquetes turísticos generada por estas acciones irresponsables ocasiona pérdidas grandes, pero lo que resulta imposible de cuantificar es el número de posibles turistas que decidieron ir de vacaciones a otro destino por culpa de agitadores que parecen jugar a los sóviets de la Revolución Rusa en un contexto muy diferente.
Los perjuicios causados por este tipo de actos solamente generarán más atraso y pobreza en la región sur del Perú, la cual estará cada vez a mayor distancia de zonas como la costa norte o Ica, las cuales viven procesos de dinámico crecimiento.
Es necesario enfrentar políticamente a grupos extremistas y desfasados del mundo actual.
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