De la tele a la carpa
Cecilia Fernández Sívori
Periodista
Un fenómeno curioso se repite ya con una insistencia sorprendente año tras año con la llegada de las Fiestas Patrias. Las figuras más populares de la televisión –y las que no lo son tanto– han visto en este mes la posibilidad de engrosar sus cuentas montando espectáculos a los que titulan como circos, cuando, lamentablemente, muchos de ellos no cuentan con un porcentaje de calidad que refleje el arte bajo la carpa.
Si eso ya no fuera de por sí condenable, ahora se suman las guerras televisadas para gritarle al respetable qué propuesta es mejor que la otra; ya no importa el fin supremo del espectáculo, sólo interesa el enfrentamiento y si es ante cámaras, mejor.
Es lamentable ver a personajes travestis intentando arrancar sonrisas y a pulposas bailarinas incitando al palco a escrutarlas con ojo adulto.
Esto invita a una reflexión, que debería llevarnos más allá de lo evidente.
Este año, felizmente, y no obstante toda la propaganda televisiva, los alcaldes no se han dejado intimidar, y poniendo los puntos sobre las íes han desembarcado a más de un advenedizo de sus propósitos. El saldo: numerosas carpas clausuradas y otras con luz roja si es que no cumplen con los requisitos para levantar el telón hoy, fecha en que se inician las funciones circenses.
Por fortuna, todavía llegan a Lima propuestas como la de César Aedo y su Vuelo del Cóndor, El Circo de Pekín y, por qué no, otros como el de Recargados de Risa, que apelan al humor criollo para arrancar sonrisas sinceras que nacieron de secuencias de la televisión.
Bienvenidos, todos los que cuenten con lo que manda la ley, a los que respetan al respetable. Que comience la función.
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