SÍmbolos. La bandera quizÁs sea la creaciÓn humana mÁs elemental para representar el sentimiento de pertenencia
Historias tras una blanquirroja
Las banderas son una especie de DNI de los pueblos del mundo.
La vexicología se encarga de estudiar estos símbolos.
Susana Mendoza Sheen
smendoza@editoraperu.com.pe
Siempre, desde niña, mi corazón se ha estremecido cuando veo jugar contra el viento la bandera peruana. Esa imagen evoca mi infancia, mi familia, mi patria. A esa especie de línea existencial se le llama identidad.
Si es identidad lo que evoca, ¿puede un pueblo prescindir de una bandera? Para el vexilólogo Alberto Herrera, no. Es imposible, porque es su DNI, es lo que identifica a los países. Su función es representar, aunque la globalización pretenda homogenizarnos.
“Cada sociedad tiene sus costumbres; sus pueblos las reconocen y viven pegadas a ellos”, afirma Herrera, un precursor de la vexilología en el Perú, que además considera que no existe país sin identidad, y por lo tanto una bandera que la represente.
La prehispánica
Este original estudioso cuenta que el Perú tuvo cinco banderas: la primera, de mayor antigüedad, fue descubierta por Julio C. Tello en 1937, en el valle de Casma, Áncash, durante su cuarta expedición.
Se trata de un monolito esculpido en piedra, que tiene una altura de 4.10 metros que se exhibe actualmente en la portada principal del museo de Sechín, a cinco kilómetros de Casma.
“Según Tello, el dibujo esculpido representa un estandarte amarrado por un cordón que empieza en la parte inferior y tiene mango curvo. Se sospecha que puede haber sido elaborada en cuero”, explica el vexilólogo.
No hay mucha crónica sobre las ocurrencias por las que atravesaba la cultura Chavín, pero sin duda ese estandarte era usado durante las batallas, para satisfacer la ambición de extender sus dominios hacia Tumbes o Ica, como lo lograron. El estandarte, dice Herrera, representó la fuerza y el poderío que ejercieron durante un milenio.
Bandera azul
La segunda, es la que izó en Tacna Guillermo Miller, en 1820 durante las jornadas independentistas, antes del desembarco de San Martín. Era azul y en el centro la imagen aplicada del sol de los incas. Esta bandera se perdió, pero quedó su descripción.
“Como Miller era marino, se asume que el color azul era por el mar, como un tributo a él. El escudo incaico simboliza el respeto por la cultura inca y a su dios que era el Sol”.
Bandera de ensueño
La tercera, es la que creó, según la historia, don José de San Martín, producto de un sueño de verano mientras estuvo en la Bahía de Paracas. Pero, en verdad, no fue un suceso irreal lo que inspiró al ilustre libertario argentino. Fueron las parihuanas, aves que aún habitan en esa parte del litoral peruano, las que confirmaron que era necesario el símbolo que representara a la nueva nación que se gestaba.
“Agregó a ella un escudo que muestra tres cerros en cuyas faldas se encuentra el mar, y detrás de ellos el sol que sale. “Los laureles, representan al ejército; los cerros, la Cordillera de los Andes, y detrás de ellas el astro rey que amanece. Todo lo que se coloca en una bandera tiene un simbolismo: el tipo de línea, color o franja”.
Un diseño más práctico
La cuarta, sería la de José Bernardo Torre Tagle, máximo representante del Perú en aquellos años, que de puro práctico cambió las líneas cruzadas en diagonal por dos paralelas pues para los costureros de la época era una ironía que la hechura de la nueva bandera fuera una práctica casi esclavizante por lo complicado que era unir cuatro pedazos triangulares y convertirlos en el símbolo de la libertad.
Propuso que el color blanco se ubicara entre el rojo superior e inferior de la bandera. Pero desgraciadamente a la distancia, el símbolo patrio modificado presentó una dificultad que ofendió al naciente sentimiento nacional: en plena batalla por la independencia se confundía con la española, así que nuevamente el hombre de apellido macizo propuso que fueran líneas verticales y no horizontales, las que separaran el bicolor elegido por don José de San Martín.
Así nació el quinto emblema nacional. La última bandera que hasta el día de hoy reconocemos como parte nuestra. Han pasado varias generaciones ante ella. Y seguirán, casi como madre que explica nuestro origen.
La bandera de Lima quizás no representa a su población actual, pero cada pueblo forja su propia identidad.
Sería positivo incluir la vexilología en el currículo educativo para que los alumnos identifiquen cada región de nuestro país por sus banderas, sugiere especialista.
Comunidad de banderas
Una tela con diversos colores sintetiza la identidad de un pueblo. Sus tonalidades, imágenes y líneas son elementos que significan, y adquieren un valor especial de la comunidad que los interpreta.
La bandera cusqueña recoge los colores del arco iris que la población incaica veneró durante el Tahuantinsuyo, y fue burlada porque se asemeja a la que usa la comunidad gay internacional. Herrera consoló a los cusqueños diciéndoles que si bien los colores son iguales, éstos estaban colocados de manera inversa. “La de Cusco empieza con el rojo y termina con el violeta; y en la de los gay la degradación de los colores es inversa”.
Pero Herrera, además de vexilólogo es tumbesino y creador de la bandera de su región, amarillo, verde y azul. “El primero, es el radiante sol que nos acompaña en todas las estaciones del año; el segundo, es su vegetación, sus bosques y manglares; y el tercero al límpido cielo, y la ictiología marina”.
Lo impactó la de Puno, por su simbolismo: el color blanco porque representa la espuma que provocaron Manco Cápac y Mama Ocllo cuando salieron del Lago Titicaca; y el celeste, por el lago.
Datos
- 1,680 provincias y distritos, y 26 regiones tienen sus banderas.
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Tamaño. De la bandera, depende de la altura del asta. Si tiene un largo 1.5 metros, el asta deberá ser de 4.5 metros. Mientras más alta es el asta, la bandera es más grande.
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Al viento. Flameará de donde venga el viento, que es del oeste. Si se enreda es porque el asta está inclinada, no está en ángulo de 90 grados, perpendicular.
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Complejidad. Mientras más franjas y bordes tenga la bandera, se hará más pesada en cada unión, y en caso de no haber viento, estará siempre caída. Por eso, siempre debe tener una proporción.
Logro
De lo que se siente orgulloso Herrera es de haber logrado la institucionalización del izamiento de las banderas de todas las regiones en el Congreso de la República. Fue el 20 de setiembre de 2002, cuando este poder del Estado cumplió 200 años de existencia. Ya había realizado su primera “cruzada vexilológica” en 2001, lo que le permitió conocer las banderas y tradiciones de cada región.
“Quiero recuperar los valores cívicos regionales y nacionales: el amor a nuestros pueblos, a nuestra raíz, al folclor que se expresa en cada provincia, pero también en cada distrito y comunidad. Así lo tienen que aprender las nuevas generaciones”, explica.
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