PARA REDUCIR LA POBREZA
El crecimiento como meta
Édgar Núñez Román
Congresista de la República (PAP)
Tasas de incremento de 4 y 5 por ciento al año acompañaron a la economía desde 2002. Durante 2005 y 2006, el país creció a un ritmo de 6.4 y 8 por ciento, respectivamente; y a junio de 2007, la economía subió en un 7.5 por ciento del PBI, manteniendo los estándares de progresión deseados, sin sufrir los efectos de los conflictos sociales. Ahora, asistimos a un modelo de crecimiento anhelado, “propobre”, liderado por un sector intensivo en mano de obra, generador de empleo: la construcción, que emplea recursos humanos de baja calificación, beneficiando a los sectores de menores ingresos. El surgimiento de la economía es ahora uno de los programas de mayor impacto en la reducción de la pobreza. La gran noticia que nos alienta es que en los últimos años y, sobre todo, en lo que va de este Gobierno, la pobreza ha disminuido en 4.2 por ciento, pasando de 48.7 a 44.5 por ciento (INEI, 2007); esto significa que la pobreza comienza a ceder, sobre todo la urbana, que se redujo en 5.6 por ciento; mientras que la rural sólo lo hizo en 1.6 por ciento, pues, es más “dura” y requiere de una mejor focalización, mayor inversión y mejor calidad del gasto social.
Todos los países concentran sus esfuerzos en mantener y acelerar el crecimiento económico y darle sostenibilidad, porque mejora los ingresos de la gente.
En la década de 1990, sobre la base de su crecimiento, Chile bajó su población pobre en 5.6 por ciento, pasando de 38.6 a 33.3 por ciento. En el decenio de 1980, los ingresos de China subieron a tasas de 7.8 por ciento, la pobreza se redujo a niveles de 9.8 por ciento anual y en la década de 1990 creció a 9 por ciento, y la pobreza disminuyó en 9.9 por ciento anual. La experiencia nos demuestra que altas tasas de crecimiento del ingreso aseguran elevados niveles de merma de la pobreza.
China es un ejemplo elocuente de la capacidad que tiene el crecimiento económico para generar impactos positivos en la mengua de la pobreza. Este país exhibe el crecimiento “propobre” más elevado del mundo, sustentado en la construcción, junto a naciones como Indonesia, Guinea, Tailandia y Tanzania. Pero los casos paradigmáticos son los de China e India, por ser las naciones más pobladas del mundo. China crece desde hace tres décadas y junto a la India han reducido la distancia de sus ingresos con los países más ricos del planeta. La incidencia de su auge en la reducción de la pobreza es innegable.
En términos históricos, el acrecentamiento que registra la economía peruana es uno de los más elevados de las últimas décadas. En el segundo gobierno de Belaunde (1981-1985), el crecimiento promedio fue de 0.3 por ciento, de -1.6 por ciento en el período 1986-1990; de 5.6 por ciento en el primer gobierno de Fujimori (1991-1995) y de 2.5 por ciento en su segundo mandato (1996-2000). La población, acostumbrada a convivir con bajos niveles de crecimiento y altas tasas de pobreza, todavía no entiende el verdadero significado de una subida sostenida, se muestra escéptica y hay sectores que se impacientan porque no mejora su situación al ritmo que creen percibir en otros, quieren quemar etapas y saborear con urgencia los frutos del avance que todavía no les llega.
Las expectativas para 2007 son alentadoras para el Perú, que junto a Argentina serán los países con mayores índices de crecimiento de América Latina, 7.4 por ciento del PBI; dejando en el camino a naciones como Venezuela, Chile, Uruguay y Colombia, que hasta 2006 mostraban altos niveles del PBI.
Cuidemos el crecimiento. Quien se sienta realmente comprometido con los pobres del Perú tiene el deber de no poner en riesgo el ritmo de progresión de la economía y abandonar la demagogia. Esto se logra con estabilidad institucional, con el cumplimiento de la Constitución y las leyes, con el respeto a los distintos poderes del Estado, con la inclusión social y con pactos políticos que garanticen la continuidad y eficacia de las políticas económicas, que dan buenos resultados.
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