Palestina
Ernesto Carlín, Crítico
El unipersonal Mi nombre es Rachel Corrie narra la historia real de una joven norteamericana, la cual viaja a la franja de Gaza para ayudar a los afectados por las luchas entre judíos y palestinos, y termina aplastada por un vehículo de guerra israelí. Los autores de la obra, Alan Rickman y Katherine Viner del Royal Court Theater de Londres, han utilizado para los textos el diario y la correspondencia verdaderos de la activista.
Planteada así, se puede temer que la obra cargue mucho las tintas por el lado del compromiso social y se olvide de contar una historia que conmueva. Sin embargo, este peligro es bien sorteado. Por un lado, la dramaturgia conjuga muy bien el lado humano de Rachel Corrie con su papel de pacifista. Muy emotivo en especial las partes dedicadas a su relación con sus padres. Por otro, la excelente representación de Gisela Ponce de León crea un personaje complejo y muy cercano, y no un héroe idealizado de tanta película fallida.
Hay que destacar que la directora Nishme Súmar ha optado por una puesta en escena parca, lo que va muy bien con la obra. Un par de breves cortinas musicales y el juego de luces como toda escenografía crean el ambiente ideal para que el espectador viva como suyos el drama de esta joven al descubrir la sinrazón de la guerra.
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