Reconstruir y progresar
Algunos destacados analistas se han referido a que en el Perú las mayorías pobres viven casi siempre en una situación trágica y que los desastres naturales simplemente agravan ese estado. También se ha destacado que, en una tragedia como el reciente sismo, se hacen visibles, sin posibilidad alguna de disimulo, los defectos y las taras de nuestra sociedad.
Señalar los aspectos negativos es algo normal en una colectividad democrática, sin embargo es necesario destacar que en situaciones tan serias resulta fundamental que nos comportemos con seriedad y responsabilidad, evitando dar aliento a la desmoralización o la anomia. En este sentido, es muy importante que las autoridades traten de tener presente que, al lado de la reconstrucción, debemos enfrentar los problemas seculares que padecen los pobres.
En ese sentido, el que aquellos compatriotas víctimas de este desastre sean contratados para la reconstrucción significa que algunos de quienes perdieron casi todo contarán con un empleo que les permitirá disfrutar de ingresos y, al mismo tiempo, trabajar en la reedificación de lo que fueron sus barrios y viviendas o sus centros de labor.
Al mismo tiempo, tenemos que tratar de evitar los errores cometidos durante el levantamiento de diversas edificaciones en la zona afectada, que generaron un objetivo agravamiento de los trágicos efectos del sismo. Deben conjugarse, entonces, la voluntad de las autoridades del Gobierno Central con las de los gobiernos regionales y locales, al igual que de la ciudadanía directamente afectada, para avanzar en la reconstrucción ayudando de modo paralelo a enfrentar los problemas.
Esta política nos permitirá preparar un nuevo impulso destinado a que esa región de nuestra costa sur recobre el fuerte empuje económico que la convirtió en una de las más dinámicas del país.
La reconstrucción debe convertirse en impulso para el progreso.
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