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opinion

RECORDANDO SUS MEJORES MOMENTOS
El teatro de los grillos
Carlos Dávila Herrera.
Antropólogo


En las décadas de 1960 a 1980, tuve la oportunidad de vincularme y conocer las tribulaciones del teatro en Lima, fueron años singulares que en buena medida me permitieron importantes logros, incluyendo hechos anecdóticos. En ese tiempo, Reynaldo D'Amore hizo del Le París una prestigiada sala teatral en que debutaron actores y se presentaron otros ya consagrados. Víctor Galindo interpretó con solvencia la difícil obra Esperando a Godot. Por ese tiempo también hizo su aparición un grupo de jóvenes actores que empezaron a hacer teatro aún con precariedad de medios, pero con mucho empeño. El estreno, con El alma buena de Sechuan, ocurrió en un escenario inverosímil del Paseo Colón, una estrecha sala de sólo 20 butacas, fueron más numerosos los actores que el entusiasta público. Homero, Teatro de Grillos –como se llamó este grupo– realizó excelentes presentaciones con Sara Joffré y Aurora Colina. Los Grillos también se vincularon a la ENAE y presentaron en La Cabaña una obra sobre los albores romanos, El rapto de las sabinas. En una escena muy solemne los sabinos presentan al romano un gran libro con sus demandas, el público no vio que en las páginas abiertas de ese libro uno de los grillos había dibujado figuras grotescas que obligaron al serio actor a tremendo esfuerzo, hasta que salió de la escena para reír a mandíbula batiente.


Por ahí debutó también un actor que al poco tiempo se orientó como escritor de obras de teatro. Alonso Alegría presentó El cruce del Niágara, con actuación memorable de Luis Álvarez y este mismo gran actor escenificó luego Collacocha, un drama de Solari Swayne. Además es de recordar el gran éxito del grupo Histrión con Marat-Sade, que tuvo quizás la más larga temporada de presentaciones de esa época. En la segunda mitad del siglo XX, el teatro mundial tenía grandes obras y un largo listado de autores, con el antecedente de Federico García Lorca, cuya obra se difundía profusamente en los años 70, como también la de los escritores estadounidenses, principalmente Tennessee Williams, cuyas obras penetran y escarban las miserias, angustias y dramas humanos. Arthur Miller con La muerte de un viajante, entre otros, se veía en un cine que, como dijimos, compartía escenarios con el teatro en vivo. Confiamos que en este siglo XXI surjan nuevos autores y obras de teatro nacional, en busca de nuestra identidad teatral.



UNA NECESIDAD EN ESTOS DÍAS

El espíritu de servicio
Oscar Rodríguez Vargas.
Periodista


Cada vez somos más conscientes del peligroso debilitamiento de nuestra estructura social. Las drogas, las pandillas, el analfabetismo, la pobreza, el crimen, la violencia y la desintegración de la familia continúan en una espiral descendente. Los líderes del presente empiezan a reconocer que esos problemas sociales ponen en peligro todos los aspectos de la sociedad. Los líderes del futuro se dan cuenta de que las soluciones para estos problemas están más allá de los sectores de los que habitualmente se ha esperado que los resuelvan; es decir, el Gobierno y los sectores sociales. En realidad, ellos serían los primeros en admitir que están destinados a fracasar sin una red más amplia de personas dispuestas a dar la mano. El líder del futuro será un líder en todos los campos de la vida, especialmente de la vida familiar. Las enormes necesidades y oportunidades de la sociedad exigen una gran responsabilidad hacia el servicio. No hay ningún lugar donde este espíritu de servicio puede ser cultivado como en el hogar. El espíritu del hogar y también el de la escuela, es el de preparar a los jóvenes para salir y servir.


La vida es una misión, se supone que la gente ha de servir. Todo el espíritu de esta filosofía debe impregnar nuestra sociedad. ¿Cómo, pues, influimos en nuestros hijos el espíritu de servicio? En primer lugar, debemos mirar hacia dentro y preguntarnos: ¿soy yo un modelo de este principio de servicio? ¿Se imagina mi familia que yo dedico mi tiempo y mis aptitudes a servirles a ellos y a la comunidad? En segundo lugar, ¿me he tomado tiempo para sumergirnos mi familia y yo en las necesidades de los demás miembros de la comunidad, con la finalidad de crear un sentido de visión acerca de cómo mi familia y cada uno de nosotros, como individuos, podemos realizar aportaciones singulares y significativas para satisfacer esas necesidades? Todos tenemos la capacidad de decidir lo que será nuestra vida a partir de hoy.

 

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