Derrotismo sin sentido
A inicios de esta semana, el presidente Alan García hizo una reflexión que oponía el objetivo progreso de la economía con la actitud pesimista de algunos que tienden a difundir y priorizar lo negativo, presentando una imagen derrotista que parece destinada no sólo a disfrutar con la desgracia, sino a destruir la moral y el optimismo que requieren los pueblos para progresar.
Esta última idea es una verdad más grande que una catedral: del mismo modo que un enfermo necesita tener la convicción de que puede curarse y que merece la pena hacer un esfuerzo para sanar, los pueblos han de estar convencidos de que les será posible progresar y que, por tanto, el esfuerzo tendrá su recompensa.
La economía peruana crece constantemente y de modo cada vez más acelerado desde inicios de la década presente; por tanto, existen sólidas razones para ser optimista.
Además, como lo referimos en anteriores ocasiones, el presente auge es sólido, pues, se basa en el incremento de las exportaciones, por lo que no existirán los “cuellos de botella” del pasado.
Como lo muestran todos los indicadores, el dinamismo económico del Perú empieza a traer positivas consecuencias en el terreno social, generando más empleo y permitiendo moderados ascensos en el consumo de algunos sectores populares. Un análisis objetivo de la actual situación permite concluir que –de mantenerse el ritmo de crecimiento a lo largo de algunas décadas– los efectos sociales se multiplicarán.
Sin embargo, no todos los líderes de opinión, políticos y comunicadores poseen el razonamiento expuesto en las líneas anteriores; por el contrario, algunos parecen disfrutar el papel de Casandras o agoreros de desastres. Esta actitud negativa es parte de un lamentable legado muy extendido en nuestra Patria: pretendiendo hacer de la necesidad virtud, se suelen regodear en nuestros males pareciendo a veces que disfrutan de ellos.
Es necesario que los comunicadores responsables enfrentemos esta actitud derrotista y negativa frente a todo lo positivo del Perú, no sólo en nombre de la objetividad –dado que el comportamiento que criticamos deforma los hechos–, sino porque, además, este derrotismo es antipatriótico.
Lo sensato y patriótico es criticar los errores y, al mismo tiempo, presentar objetivamente las situaciones positivas que vivimos hoy.
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