JOSÉ MALSIO MONTOYA, COMPOSITOR Y DIRECTOR PERUANO EN EL RECUERDO
Caballero de la música
- Ex director del Conservatorio estudió con Arnold Schönberg
- Era conocido por su inflexibilidad al momento de la ejecución musical
Giancarlo Stagnaro
gstagnaro@editoraperu.com.pe
Hace más de un mes ocurrió el deceso de José Malsio Montoya (1925-2007), ex director del Conservatorio Nacional de Música, educador y renombrado compositor, uno de los más importantes de la segunda mitad del siglo XX en el Perú. Malsio falleció el 13 de noviembre pasado, en el quirófano del hospital Rebagliati.
Recordado por amigos y colegas como un hombre que difícilmente soportaba los errores en ensayos y presentaciones, la imagen que calza con él es la de un apasionado por la música.
Como anota Enrique Pinilla en La música en el Perú, tras estudiar en el Instituto Bach con Carlos Sánchez Málaga, José Malsio viaja a Estados Unidos. En la Eastman School of Music tuvo como profesores a Burril Phipipps y Bernard Rogers.
Posteriormente, en la Universidad de Yale, le enseña Paul Hindemith, y en Los Ángeles recibe clases particulares de Arnold Schönberg, uno de los músicos más grandes del siglo XX.
A su regreso al Perú, fue nombrado director asistente de la Orquesta Sinfónica Nacional y director del Conservatorio Nacional de Música (CNM). La mayoría de obras de Malsio fue escrita en el período de once años, que va de 1943 a 1954.
“Su formación en Estados Unidos dejó una indudable huella en su estilo musical y en la concepción de las estructuras sonoras. Posee imaginación para concebir melodías y hacer variaciones de ellas con un claro diseño en la forma elegida”, recuerda Pinilla.
Presencia educadora
Pero quienes lo recuerdan con especial cariño son sus alumnos. Uno de ellos, Pilar Zúñiga, actual presidenta de la asociación de titulados del Conservatorio Nacional de Música, lo evoca de la siguiente manera:
“Era en placer escuchar sus apasionadas correcciones; cómo podía entre todos distinguir a quien fallaba en una pequeñísima desafinación. Paraba a los violines y señalaba a quien ‘nos había interrumpido con su error’, sólo para darle en el momento, y con profundo conocimiento de la técnica de cada instrumento, los ejercicios necesarios para arreglar el 'pequeño problema que usted tiene’”, afirma.
La sesión se repetía y repetía “hasta que salía. La sonrisa de alumno, maestro y toda la orquesta se hacía una. No sé si sonreíamos de alivio, de logro, o de triunfo en comunidad.”
Ya en avanzada edad pudo retornar al CNM, invitado por el Círculo de Compositores Peruanos (Circomper). Una de sus últimas apariciones públicas ocurrió durante la entrega de la Medalla de Honor de la Cultura Peruana a distinguidas personalidades de la música, en 2005.
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