El terror es un buen anfitrión
Mike Enslin (John Cusack) es un incrédulo escritor de obras de terror. Buscando una historia más para un libro de casas embrujadas, llega al lujoso hotel Dolphins de Nueva York. Aunque el gerente (Samuel L. Jackson) trata de convencerlo para que no se aloje en una misteriosa habitación –la 1408 del título, en la que han sucedido decenas de muertes violentas–, él se empecina hasta conseguir lo que quiere. Como se puede adivinar, lo que sigue es el enfrentamiento entre el escéptico escritor con lo paranormal.
Esta película está basada en un relato de Stephen King y sigue con desenvoltura los patrones de un típico filme de terror. La tensión de la cinta no decae, salvo uno que otro momento cerca del final. Aunque el director Mikael Hafström no rehuye a los efectos especiales, opta más por el miedo sugerido en pequeños detalles cotidianos, muy al estilo de las novelas de King. Por ejemplo, la radio se enciende cada tanto con una pegajosa canción cuyo único estribillo – “Recién estamos empezando”– se vuelve amenazante, a pesar de lo alegre de la tonada.
Otro punto a favor del filme es la actuación de Cusack. No importa lo descabellado que la trama se vuelva, basta ver al artista intentando demostrarse que todo es truco para creernos el cuento. Lo mejor de la película son el primer tramo en el que se juega más a la ambigüedad y el par de falsos finales.
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