UNA OBRA DIGNA DE ELOGIO
Historia del teatro peruano
César
Benavides Cavero.
Presidente
del Instituto Peruano de Criminalística
y Pericias
Este título obedece al privilegio de tener en mis manos la obra, recién salida de la imprenta, intitulada Apuntes para una Historia del teatro peruano, del dramaturgo Juan Rivera Saavedra, editada por la Universidad Alas Peruanas. Mi primer comentario sobre esta joya literaria es que trata magníficamente la verdadera evolución de nuestro teatro a través del tiempo. Es menester señalar que demandó a su autor más de catorce años de trabajo de investigación; a los que fuimos sus alumnos nos consta cómo tomaba nota de algún pasaje sobre el teatro, sus actores o proverbio nuevo para él; tal y como incorporó el proverbio policial: “El tiempo que pasa es la verdad que huye”, para satisfacción de quienes fueron detectives alguna vez.
Es bastante conocido que a Juan no le gustan las medias tintas, y con esta obra se ha vuelto a coronar como uno de los más grandes dramaturgos y creador del humor negro en nuestro país, título que se había ganado hace muchos años por su prolífica producción, al escribir más de 180 obras de teatro, 550 cuentos, muchos guiones para la televisión, como la recordada serie del comisario Gamboa; en fin, sería largo enumerar los premios recibidos durante sus 55 años dedicados a escribir, al arte, al teatro y al cuento. Ha sido galardonado no solo en el país sino en el extranjero; hace poco fue distinguido por la Wayne State University de Estados Unidos como el autor más distinguido y prolífico de América Latina.
Este trabajo consta de ocho capítulos, en los que narra la época del teatro Incaico hasta nuestros días y menciona anécdotas vividas por artistas nacionales, como Ricardo Fernández, Augusto Urueta, Jorge Acuña, Elvira Travesí, Lucho Córdova, Delfina Paredes, etcétera, y con el director, dramaturgo y profesor de teatro Sergio Arrau, chileno de nacimiento, cuando éste le dice: “... Puedes saber mucho de dramaturgia, pero ¿cuánto sabes de dirección teatral? ¡Nada! Cuando estudies, estés a mi altura, si me buscas, discutiremos...” (sic). Los que tenemos el honor de conocerlo sabemos de su gran emoción social, que lo ha llevado incluso a las cárceles de Lima, pero no como recluso sino con el fin de presentar obras de teatro a los internos, así como en los colegios, sin cobrar un céntimo. En estos tiempos, cuántos artistas han tenido esta generosidad y humanismo; por ello, nos permitimos sugerir le sean otorgadas las Palmas Magisteriales a Juan Rivera.
Su lectura nos captura y sorprende cuando relata las aventuras de muchos de los que se llaman escritores, actores y críticos, con ese humor fino que nos lleva a pegar tal carcajada que algunos vecinos protestan por el bullicio; es decir, serán varias horas de lectura de las más de 350 páginas, pero al final se verán gratificados no solo por el relax que tendrán, sino también por los conocimientos que van a adquirir. Invitamos a su lectura, a fines de este mes, cuando será presentado el libro, en el Museo de la Nación, por tres literatos peruanos de mucho prestigio y, por confirmar su presencia, Gabriel García Márquez. Además, estarán invitadas las más altas autoridades del Gobierno, especialmente del sector Educación y de la sociedad civil. |