BUSCANDO REDIMIR A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS
Alfabetización en el Perú
Gustavo Córdova Valenzuela.
Periodista*
El título de este artículo me ha sido sugerido por el colofón que escribiera el maestro Luis Alberto Sánchez en la obra de Luis E. Valcárcel Tempestad en los Andes, publicada en 1928 y cuyo prólogo fuera escrito por el Amauta, José Carlos Mariátegui.
El propósito de este artículo es dar a conocer cómo es que ha tenido que transcurrir tanto tiempo para que por fin el Gobierno Central, que ahora preside el doctor Alan García Pérez, “haya tomado al toro por las astas”, pues con toda la seriedad que el fenómeno del analfabetismo requiere para su erradicación, le ha dado prioridad entre todos los programas sociales de su Gobierno; este terrible mal social, a juicio de todos los indigenistas, socialistas, socialdemócratas, socialcristianos y hasta los de las posiciones conservadoras del país, debe ser reducido drásticamente.
En efecto, el desarrollo económico, el progreso social y la libertad de los seres humanos dependen del establecimiento de un nivel básico de alfabetización en todos los países del mundo.
Ya nadie ignora que la raza indígena, la dueña de todo el territorio peruano, una vez concluida la guerra de resistencia a la invasión europea, que duró un espacio de 40 años, fue sometida a los más denigrantes abusos, entre ellos el apartheid cultural, el yanaconaje, la mita, el tributo, y condenada a muerte en los socavones de las minas.
La República fue la madrasta del indio. Los gobernantes que formaron parte de lo que Jorge Basadre llama el Primer Militarismo tuvieron como norte el llegar a ser presidentes, sin importarles para ello la voluntad expresada en los sufragios, a pesar de que el sistema electoral era por intermediación.
Para ellos era importante llegar o por la fuerza de los fusiles o las bayonetas, aliarse con los descendientes de los encomenderos, los hacendados o terratenientes y “gobernar” en función de sus propios intereses.
La educación, el indio y sus problemas del apartheid cultural y la mita que sufría desde la colonia seguían igual o peor; ahora tenían que hacer un servicio militar, no para la patria sino para algún caudillo empenachado. Eran tiempos de anarquía, ingobernabilidad y pobreza.
Ha transcurrido mucho tiempo para que un gobierno asumiera a plenitud la resolución de este problema, y lo ha asumido el doctor Alan García Pérez, que proviene de estas canteras reivindicativas de lo indígena y lo cholo, para que la tempestad en los Andes de la que nos hablara Valcárcel se convirtiera en una tempestad en el Perú, pues primero hay que soldar la nacionalidad con sus múltiples aportes étnicos y culturales. La alfabetización, que está en marcha, no solo enseña a leer y escribir sino que enseña al iletrado adulto a pensar en su familia, en sus derechos y deberes, en su comunidad, en su salud, en su entorno ecológico, en su identidad cultural. Sus grafías comienzan siendo incipientes, pero su crecimiento interno, fruto de su participación activa en su aprendizaje, le van dando la talla de un titán solidario, sin resquemores ni odios.
Ahora, el Perú, unificado por su identidad, podrá empinarse y caminar por fin por esto que ha sido el sueño de José Faustino Sánchez Carrión, el Padre de la Patria, quien desde su Constitución, que no entró en vigencia, nos señaló el camino de una República Ética.
Ha comenzado la tempestad en el Perú y de nosotros depende el crecimiento de la patria, sin complejos, seguros ahora sí, como dijera el poeta: “Estamos haciendo camino al andar”.
El último eslogan del Gobierno, teniendo en cuenta lo que estamos logrando, es el más acertado. El Perú avanza.
* Primer director de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la UNFV.
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