RECUERDO DE COMBATIENTES HEROICOS
Batallas de San Juan y Miraflores
Óscar Rodríguez Vargas.
Periodista
Las batallas de San Juan y Miraflores –el 13 y 15 de enero de 1881, respectivamente– fueron los últimos intentos para detener a Chile en su marcha sobre Lima, en la infausta Guerra del Pacífico.
La población civil se confundió en un solo brazo y un solo corazón con los efectivos de nuestro Ejército para hacer frente al enemigo, que avanzaba muy superior en número y armamento.
San Juan representa la resistencia obstinada. Los chilenos, que llegaban a unos 18 mil hombres, atacaron en bloque, sin desparramarse, evitando caer en el plan peruano, cuya línea de combate tenía 12 kilómetros de extensión. Nuestra línea carecía de una eficiente dirección para envolver a los chilenos, que avanzaban en un solo bloque, apoyados por su artillería.
Después de cuatro horas de heroica y sangrienta resistencia, se rompió la línea defensiva, los defensores se replegaron hacia Miraflores, Chorrillos y Barranco. Los jefes peruanos dieron muestras de iniciativa y de un ardiente deseo de cumplir con su deber. Pero las disposiciones generales eran malas, y los medios de defensa de que disponían eran escasos; sobre todo, improvisados.
La Batalla de Miraflores, que empezó a las 2.30 de la tarde, es otro sangriento episodio que pudo concluir con una sorprendente victoria del pueblo patriota. La lucha peruana era tan ardorosa que las cornetas llegaron a tocar la diana de la victoria.
Serían las seis de la tarde cuando la derrota se hizo general. Sobre los reductos, los caminos, había hacinamiento de cadáveres, parte de la aristocracia limeña, pero en su vastedad, de humildes campesinos serranos que harapientos e ignorantes en el manejo de armas habían bajado a Lima para ofrendar sus vidas por el Perú.
Los resultados, a pesar del valor de los jefes y del sacrificio de la tropa y el pueblo peruanos, tuvieron que ser desfavorables a estos hombres que solo se presentaban armados de sus virtudes personales. Faltaban armas, cañones, construcción de defensas sólidas.
Más que el poderío bélico y la mejor preparación del contrincante, fue la propia disensión interna lo que dio los resultados de 1879 y 1881. San Juan y Miraflores afirman nuestra necesidad de unión nacional. Afirman nuestro patriotismo y señalan cuán cierto e indispensable es contar con una Fuerza Armada fuerte y presta a la defensa del territorio.
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