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PERJUICIO. NIÑOS DE ASENTAMIENTO HUMANO DEL CALLAO SUFREN LAS CONSECUENCIAS DE LA CONTAMINACIÓN POR EL MINERAL
Puerto de plomo
Vecinos demandan que se habilite faja transportadora.
Existe un proyecto para construir un puerto de embarque en Ventanilla

Antonio Álvarez Ferrando

A simple vista, Enrique Gazzolo parece un padre cualquiera de los que caminan por las calles del Callao. Abraza y besa a sus dos hijos. Los engríe mucho, pero también les enseña acerca de las responsabilidades de la vida. Quiere que sean profesionales. Vive con ellos y aunque son su adoración, irónicamente, muchas veces no quisiera tenerlos a su lado.
Enrique no es el único. Es solo el reflejo de lo que desean todos aquellos padres de Puerto Nuevo, una zona marginal del Callao, ubicada junto al Primer Puerto del Perú, que desde hace muchos años ha sido tomada por asalto por el plomo, mineral que al parecer se instalará por mucho tiempo más, especialmente, en la sangre de los niños que viven allí.
El nivel de precariedad en este lugar donde habitan más de ocho mil personas es crítico. En 2001 se le declaró “zona de emergencia sanitaria” y, un año después, el Ministerio de Salud (Minsa) decretó que estaba “oficialmente envenenado por el plomo”.
Las pruebas lo demuestran: de acuerdo con un estudio de 2003, un 95% de los 543 niños menores de seis años portaba más de 10 microgramos de plomo por decilitro de sangre, el índice promedio aceptado por los médicos. Al superarse este nivel, la persona pasa a un estado llamado “saturnismo” o, simplemente, intoxicación.
“Este mineral perjudica el desarrollo físico y también el sistema neurológico. Llega a generar retardo mental y se vuelve irreversible si no se adoptan las medidas necesarias”, explica el director ejecutivo de la Dirección de Salud (Disa) del Callao, René Leiva.
En Puerto Nuevo son muchos los que repitieron el año escolar. Algunos hasta cuatro veces el mismo grado. Enrique culpa al plomo y agradece a Dios que sus hijos Luigi (9) y Susan (7) no lo hayan hecho.
Ellos no exceden el estándar establecido de plomo porque los alimenta bien, pero eso no lo deja tranquilo, por lo que prefiere mandarlos a casa de su tía, lejos de donde vive, para que no estén expuestos.

Movilizaciones
Después de varias movilizaciones, los pobladores lograron que las dos empresas que almacenan los minerales y que se ubican frente a Puerto Nuevo encapsulen el plomo para que éste no tenga contacto con el medio ambiente. Pero, el problema de la contaminación radica actualmente en el proceso de embarque del plomo en los buques, para ser exportado.
Cuentan Enrique y las personas de su barrio que antes de colocarlo en los ambientes del barco, el plomo es lanzado desde los camiones sobre un patio situado al aire libre. Al golpear el piso, el polvillo del plomo se levanta y es llevado por el viento hasta esa zona marginal, donde se instala en el ambiente, lo que perjudica a todo aquel que respire el aire de ese lugar.
Aunque esta situación parece de nunca acabar, hace unos meses surgió una noticia que parecería ponerle fin al daño masivo por plomo en Puerto Nuevo. La Autoridad Portuaria Nacional (APN) anunció que Operadora Portuaria S.A. (Oporsa), subsidiaria de Neptunia, construirá un puerto en Ventanilla, por el que se exportarían todos los minerales que llegan al Callao.
Enrique Gazzolo tiene muchos amigos que viven en el fundo Márquez y el asentamiento humano Víctor Raúl, en Ventanilla, lugares que colindan con la zona donde se ejecutará la construcción. Éstos le han comentado su preocupación y están atemorizados porque se repita lo ocurrido en el barrio chalaco. Por ello, a fines de diciembre tomaron las calles para dar a conocer su posición.
El gerente general de Oporsa, Javier Espinosa, asegura que “el traslado de minerales se hará mediante una faja transportadora que evitará contaminación alguna”. Y aunque informa que en los próximos meses iniciarán una campaña acerca del tratamiento y los beneficios del nuevo puerto, los vecinos no descartan una nueva movilización.
Por ahora, Oporsa espera que “más o menos para mayo” le entreguen el estudio de impacto ambiental y social para que el nuevo puerto –que demandará un inversión de más de 80 millones de dólares y que ocupará un espacio de 60 hectáreas de tierra y tendrá un muelle de tres kilómetros de largo mar adentro– esté operativo a fines de 2009.

Plazo
Oscar Díaz, representante del Consorcio Minero (Cormin), una de las dos empresas que almacenan minerales cerca de Puerto Nuevo, asegura que pensar que la obra estará terminada en esa fecha “es una locura”, ya que solo el estudio de impacto ambiental tarda entre tres y cuatro años y no unos meses.
“Además, se deben alargar los rieles del tren trece kilómetros para que lleguen hasta el nuevo puerto, y si no ponen seguridad para que los camiones trasladen el mineral medio kilómetro (el tramo entre los almacenes y el puerto del Callao) sin que roben, menos van a asegurar que éste llegue en buen estado hasta Ventanilla, sabiendo que pasará por trece asentamientos humanos.”
Antes, la pesca era una alternativa para subsistir, pero la contaminación también llegó al mar y lo cubrió con una espesa capa de residuos minerales. Ahora, el plomo es la única fuente de ingresos. Es muy cierto. El kilogramo de concentrado de plomo en el mercado clandestino está valorizado en 2.50 nuevos soles, lo que ha hecho que este recurso provea de dinero, pero a la vez provoque la muerte de muchos pobladores. En ese lugar es común ver cómo muchos se trepan en los camiones para robar este metal.
“La gente, por necesidad, contamina a todos, ya que las partículas se esparcen”, comenta Leiva. Por su parte, Gazzolo, quien ha expuesto en el Congreso esta grave situación, sostiene que existe un promedio de 78 mil viajes anuales desde los almacenes hasta el puerto del Callao, lo que resulta dinero seguro para los que tienen a esta modalidad como única alternativa de subsistencia.

Cansadas de la situación
Doña Antonia Neyra está harta de su situación. Se queja de buscar por todos lados una solución a la contaminación por plomo. Mientras despacha el menú que vende en su casa de la manzana 2 de la calle Almirante Grau, en Puerto Nuevo, dice que ha conversado hasta con la ministra Verónica Zavala.
“Cada día estamos peor con el plomo, hijo. Los chicos están robando demasiado y todos estamos preocupados porque los más perjudicados son los niños. Y la mayoría aquí tiene cuatro a cinco hijos. Tanta es la cantidad de plomo que la ropa que lavas termina negra al descolgarla”.
A sus 72 años, doña Antonia ha organizado más de 40 plantones de 300 personas cada uno para evitar que los camiones transiten por la avenida Guadalupe, trocha por donde pasan los vehículos para trasladar el plomo.
Marlene Casapía vive en el cruce de la avenida Guadalupe con Contraalmirante Mora y expresa también su malestar. Diego, su hijo, de nueve años, porta 40.2 microgramos de plomo por decilitro de sangre. “Se queja de que le duelen los huesos y a veces la cabeza.”
La mujer dice que cada vez que tiene examen, Diego sólo asimila lo aprendido por unos minutos. “Luego, cuando pasa media hora, ya no se acuerda de nada, señor. Imagínese, mi Jenny tiene 61 de plomo en la sangre, está peor. Queremos que nos ayuden, esta situación es insoportable. Dicen que para que se sane debo alimentarlo bien, pero la plata no alcanza”.

Dato
Mariela Vargas vive en la cuadra 1 de la avenida Guadalupe. Su casa es de esteras. Sus cuatro hijas están afectadas por el plomo, pero no ahonda en explicaciones, solo pide que la ayuden con madera, material que vende para poder sobrevivir. “Soy madre soltera; por favor, ponga esto en su periódico para que nos ayuden”.

Faja transportadora hermética
Óscar Díaz y Enrique Gazzolo coinciden en que, mientras no esté acabado el nuevo puerto de Ventanilla, el plomo seguirá ganando terreno. Aseguran que la solución está en que la APN adquiera, con inversión privada, una faja transportadora hermética, un sistema para el transporte de materiales a granel que evita la contaminación.
“Por seguir con el sistema actual de camiones, las cosas continúan mal, hermano. Solo da una vuelta por la calle Guadalupe, por donde pasan estos vehículos y vas a experimentar cómo arden la nariz y la garganta”, comenta Gazzolo.
Gracias a algunas medidas, el nivel de plomo ha bajado. No obstante, Puerto Nuevo continúa como zona “envenenada por el plomo”. “Que yo sepa, no ha habido levantamiento de ese documento”, comenta Leiva acerca de este lugar, que desde hace un mes cuenta con agua y desagüe.
Mientras tanto, Enrique Gazzolo procura que el nivel de este metal en la sangre de sus hijos “no suba más”. "Ese tema no me deja dormir. Tengo muchos amigos que hacen de todo por alimentar a sus hijos y no obstante han repetido el año. Gracias a Dios, a los míos los tengo bien de salud”.

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