REFLEXIONES SOBRE UN ASUNTO CRUCIAL
Desarrollo sostenible y calidad de vida
Pilar Marín Bravo
Periodista
Crear un ministerio responsable de velar por el medio ambiente en el país implicará, fuera de todo debate, adecuar al Perú a la tendencia mundial de priorizar una política de desarrollo sostenible, que al mismo tiempo permita mejorar la calidad de vida de la población.
En consecuencia, más que un rol integrador de los diferentes esfuerzos institucionales existentes para la preservación del medio ambiente, la decisión de avanzar hacia la institucionalización en este campo deberá superar la visión ambientalista para incorporar transversalmente las dimensiones socioeconómicas y políticas que ello representa.
Hace cerca de 30 años, la Estrategia Mundial de Conservación recomendó a los países trabajar en estrategias nacionales de conservación, y fueron muchos los países en América Latina que afianzaron sus políticas de desarrollo incorporando la figura de un ministerio para el medio ambiente y el desarrollo sostenible.
Experiencias cercanas son muchas. Bolivia, por ejemplo, creó su Ministerio de Desarrollo Sostenible y Planificación hace 15 años, y desde entonces, con algunos cambios en el camino, ha tratado de enfocar su política de sostenibilidad vinculándola con estrategias de lucha contra la pobreza.
En ese trayecto, Bolivia definió claramente cuatro dimensiones en el desarrollo sostenible: económica, social, medioambiental y política, con la convicción de que cada una de ellas aporte de manera integradora a un desarrollo integral. Más allá de los cambios de denominación ministerial o de estrategias corregidas en los últimos cinco años, lo esencial de esta visión se mantiene.
La preservación del medio ambiente está relacionada estrechamente con la sostenibilidad de nuestros recursos, la calidad de vida y lo que dejaremos para las generaciones futuras. Por lo tanto, está unida a la necesidad de mejorar las condiciones de vida de las poblaciones, luchando contra la pobreza.
Ese enfoque integrador de estrategias no debe centrarse solo en la fusión institucional de organismos ya existentes, que por cierto tienen logros muy importantes para el país, sino también trascender hacia la definición de una política de Estado en la defensa del desarrollo sostenible que asegure su ejecución, independientemente de los giros políticos de los gobiernos de turno.
Las experiencias en este campo ya son muchas, pero el Perú deberá aprovechar lo que se ajuste a su propia realidad.
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