El verdadero camino
Ha hecho muy bien el ministro de Relaciones Exteriores al sostener que nuestro país descarta hacer lobby en defensa de la posición peruana en el diferendo con Chile, debido a que la esencia de este asunto es jurídica y será resuelta por un tribunal internacional.
En efecto, tenemos una diferencia de criterio con el vecino del sur acerca de la delimitación marítima; no obstante los esfuerzos realizados por nuestros diplomáticos, fue imposible que se llegara a un arreglo por la vía de las negociaciones bilaterales ya que para los chilenos el asunto está resuelto desde la década de 1950, mediante dos convenios pesqueros, los cuales, según argumentan, fueron aceptados por los gobiernos y las instituciones del Perú a lo largo de décadas, como si se tratase de normas de delimitación marítima.
En vista de que una solución diplomática por la vía bilateral era imposible, nuestro Gobierno optó por una salida que está de acuerdo con el derecho internacional: acudir a una instancia jurídica establecida justamente para resolver cuestiones de este tipo, es decir, diferencias entre países, siempre y cuando ambos acepten la jurisdicción de la corte para esa cuestión concreta.
Se trata, pues, de una solución concreta y propia de naciones democráticas y civilizadas, que tienen una tradición de respeto por el derecho, y esto da por supuesto que deben quedar comprometidas ante la historia a respetar el fallo que, después de unos años, emita el tribunal.
En consecuencia, carece de sentido agitar las pasiones, pronunciar palabras altisonantes o hacer lobby con otros países de la región, cuando de lo que se trata es de preparar la mejor defensa jurídica posible, para tratar de ganar en el escenario donde se decidirá este asunto.
El Perú no desea un clima de enrarecimiento en una relación bilateral que debe continuar por la vía de la hermandad sudamericana, para beneficio mutuo; lamentamos la reacción de algunos políticos chilenos y la escandalosa actitud de ciertos medios de comunicación de ambos países que parecen disfrutar con el fomento de una suicida animadversión mutua. Simplemente, queremos una salida de acuerdo con el derecho.
La solución a este desacuerdo se dará por una vía jurídica y, en este sentido, no debemos incitar a la mutua animadversión.
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