de cazuela
“No le caigas a una hembrita en la montaña rusa”
Ernesto Carlín. Crítico
A fines de los 90, Leo (Oscar Beltrán), un vendedor de casi treinta años, decide reunir a sus amigos de adolescencia. Su deseo es recordar las vacaciones de medio año de 1986, cuando junto a su mancha de barrio consiguió su primer trabajo y empezó a dejar de ser un niño. Sin embargo, hacer memoria no es una buena idea para el resto del grupo. Un crimen callado bastante tiempo amenaza con atormentarlos de nuevo.
La pieza se desenvuelve en dos planos. Por un lado, los casi treintañeros amigos reencontrándose; por otro, los chiquillos trabajando en una improvisada feria. Para distinguir cada momento los actores apelan a variar acertadamente sus registros. De antología el baile del quinceañero, en el que, entre pasos torpes, se da cuenta de la personalidad de cada uno de los muchachos. Briscila Degregori, en su papel de homenajeada, se luce en esta escena. Por otro lado, Paul Ramírez representa con solvencia los tres papeles secundarios que se le encomienda.
Se recalca que el drama de los amigos tratando de enterrar de los fantasmas del pasado es una metáfora de la sociedad peruana, olvidándose de la guerra interna. Sin embargo, en este montaje funciona mejor la tragedia individual que su connotación a otro nivel. En ese sentido, se nota impostada la introducción de las palabras del presidente de la República en dos momentos de la obra. Otro aspecto que se pudo mejorar fue la decoración, pues las paredes que hacen de barrio de Breña se pierden en escena. Sin embargo, son pocas objeciones a una puesta en escena muy lograda.
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