BENEFICIO. CONTRIBUYE A PRESERVAR
LAS POCAS ÁREAS VERDES DE LA CIUDAD
Agricultura urbana
- Actividad se convierte en opción para cultivar sus propios alimentos
- Municipios deben ubicarla dentro de sus estrategias de desarrollo
José Cavani Ríos
La ciudad de Lima crece y los espacios agrícolas tradicionales desaparecen en una tendencia urbanística que parece imparable. Conservar las pequeñas áreas verdes, potenciar el uso de ambientes vacíos dentro de nuestras casas en cultivos orgánicos y reutilizar lugares comunales en actividades ecológicamente sostenibles se presentan como las mejores maneras de contrarrestar esta vorágine.
Informes de las Naciones Unidas revelan que este año más del 50% de la población mundial vivirá en zonas urbanas, lo que agudizará no solo los problemas de violencia y desempleo, sino que también generará mayor pobreza en ellas; sin contar las repercusiones sobre el medio ambiente y la calidad de vida dentro de las metrópolis.
En estos últimos años, en el Perú, el número de pobres que habitan los cascos urbanos se acrecentó en 34 por ciento: 14 puntos porcentuales más que en las áreas rurales. En forma paralela, la ocupación poblacional desordenada causó que Lima y Callao pierdan el 75% de sus áreas agrícolas y valles.
Ahora Lima es realmente una ciudad que crece en medio del desierto y, como consecuencia, presenta problemas de abastecimiento de agua, especialmente en los sectores más desfavorecidos, producto del deterioro ambiental que experimentan las principales cuencas hidrográficas de la capital.
Crear entre la población limeña más necesitada capacidades técnicas que le ayude a emplear eficientemente este recurso y, a su vez, contribuya a combatir los problemas propios de una ciudad en crecimiento es una necesidad que deberían plantearse los municipios dentro de sus proyectos de desarrollo urbano y ordenamiento territorial como estrategias de gestión ambiental sostenible.
Alternativa
Una de las actividades que está generando buenos resultados a 800 millones de habitantes en el mundo, por convertirse en motor del desarrollo económico y social en áreas deprimidas, es la agricultura urbana, que incluye actividades que van desde la producción de alimentos y crianza de animales hasta los servicios ecológicos vinculados a éstas. Todo se desarrolla dentro y en la periferia de las ciudades, muchas veces en terrenos baldíos.
La agricultura en las ciudades permite no solo aprovechar los conocimientos tradicionales de la población migrante y emplear la mano de obra desocupada, sino también contribuye significativamente a la seguridad alimentaria de la población con productos de alto valor nutritivo con un bajo costo ambiental gracias al empleo de aguas tratadas y desechos orgánicos reciclados. No por nada representa el 34% de producción mundial de carne y el 70% de la de huevos.
La agricultura urbana rompe así el esquema de lo que debe ser una ciudad desarrollada (no solo grandes construcciones), y brinda a las urbes de los países pobres la posibilidad de asegurar a sus habitantes alimentos que ellos mismos cultiven para su familia o crecer comercialmente apuntando al mercado local y hasta externo.
En esta tarea, las municipalidades desempeñan un papel importante ubicando a la agricultura urbana dentro de sus estrategias de desarrollo, pero también “reconociendo como prioritario la conservación de las pocas zonas verdes que quedan”, destaca Jessica Alegre, de la Iniciativa Global del CGIAR (Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional) para la agricultura urbana y periurbana.
Lima sostenible
El Plan por una Lima y un Callao Verde, en cuya elaboración participaron entidades estatales, privadas e internacionales, reconoce que solo estas dos ciudades albergan el 30% de la población de nuestro país, que fueron expandiéndose en buena parte de los valles del Rímac, Chillón y Lurín para luego ocupar los bordes de la metrópoli limeña con asentamientos humanos que suman cerca de cinco millones de habitantes.
La agricultura urbana se ajusta a la propuesta del plan de promover el uso eficiente del agua y la protección de los ecosistemas, al mismo tiempo que entrega a la población los instrumentos y capacidades técnicas para una adecuada gestión ambiental y territorial, que garantice una ocupación sostenible del suelo.
No hay que olvidar que según el Centro Internacional de la Papa, el campo convencional de la agricultura “tiene un solo cultivo y se cosecha por campaña, pero el orgánico tiene a la vez varios cultivos y se cosecha semanalmente, generando ingresos constantes”.
El plan tiene como uno de sus objetivos principales de mediano y largo plazos la promoción de la agricultura urbana mediante un programa metropolitano que apoye a las personas dedicadas a esta actividad con la dación de normas de incentivo provenientes del ministerio del sector, creación de un bono verde, elaboración de un manual familiar sobre el tema y realización de bioferias; además de una capacitación municipal.
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