Actitudes sin sentido
En un país democrático todos tenemos derecho a discrepar con las normas que apruebe el Congreso o el Poder Ejecutivo; igualmente, tenemos capacidad para expresar nuestros puntos de vista disidentes y para manifestarnos públicamente a partir de un tema. Lo que carece de lógica es actuar de modo tal que nos perjudiquemos nosotros mismos, al tiempo que deseamos darle énfasis a nuestra actitud de oposición a los dictámenes de la autoridad.
El Cusco es una ciudad que por poseer un rico legado histórico vive, en gran medida, de los visitantes que recorren los monumentos que recuerdan el glorioso pasado prehispánico. Por ello, constituye una actitud autodestructiva y carente de racionalidad pretender organizar acciones tumultuosas que perturben a los turistas, lo que podría derivar en la cancelación de visitas a la Ciudad Imperial.
El turismo es una actividad con enorme potencialidad y ello constituye una buena noticia para nuestro país. Lo que es una muestra de irracionalidad es la oposición cerrada a cualquier medida destinada a poner en valor nuestro gran patrimonio cultural; y es aún peor realizar protestas que espantan a los turistas, con lo cual también se perjudica a los habitantes de los lugares turísticos y, por supuesto, al país.
Los peruanos debemos entender que poseemos un enorme –y aún poco utilizado– potencial turístico y que tenemos que extraer las lógicas consecuencias de esta realidad: es esencial comprender que hay que tomar medidas para poner en valor nuestros atractivos superando de una vez por todas esa especie de “cultura primitiva de rechazo a lo empresarial”, que parece estar en las raíces de muchas protestas.
Si deseamos realmente impulsar la actividad turística es indispensable entender que la violencias, los bloqueos y las manifestaciones tumultuarias deberán desaparecer de aquellas ciudades que son atractivos turísticos; y en segundo término, es fundamental que perfeccionemos nuestra defensa de la tranquilidad pública y de erradicación de la delincuencia.
Por último, los ciudadanos que de modo directo o indirecto nos beneficiamos del flujo turístico tenemos el deber de tratar bien a los visitantes porque si la gran mayoría de éstos regresa a su país satisfecha, se convertirán en nuestros mejores propagandistas.
Debemos adoptar una actitud positiva ante el turismo porque esta actividad es muy beneficiosa para nuestro desarrollo.
|