Tu vida es una obra de arte
Ernesto Carlín. Crítico
Adaptar una novela al teatro no es tarea fácil. Más aún si se trata de un clásico como El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. El actual montaje de Roberto Ángeles lo intenta con algunos aciertos, pero también con algunas fallas.
La historia narra cómo el joven Dorian Gray (Gonzalo Molina) vende de forma casual su alma con el fin de que quien envejezca sea el retrato que le ha pintado su amigo Basil Hallward (Paul Vega) y no él. A su vez, Gray conoce a Lord Henry Wotton (Christian Thorsen), quien lo inicia en la senda del vicio.
Lo mejor de la puesta en escena es la primera mitad. En ella se siente la tensión en Gray sobre a qué amigo seguir: al cínico Wotton o al bienintencionado Hallward. Además, se utiliza el espacio en forma creativa al presentar distintos momentos sobre el escenario. También se ha imitado en lo posible las costumbres del siglo XIX, pero con algunos guiños a la actualidad, como las zapatillas rojas del protagonista.
No obstante los aciertos, la obra decae a partir del momento en que Dorian Gray descubre su pacto con el cuadro. Desde allí no es fluido el traspaso de la novela a las tablas. Las escenas terminan siendo un pálido reflejo de lo que se cuenta en el libro y no una reformulación interesante como al inicio. De todas formas, la adaptación conserva bastante del ingenio verbal –sobre todo en el papel de Wotton– lo que levanta bastante la obra.
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