Acción pacificadora
Nuestro país no se encuentra involucrado en la situación conflictiva que enfrenta a las hermanas repúblicas de Ecuador, Colombia y Venezuela. Sin embargo, dado que dos de las naciones involucradas son limítrofes con el Perú y que poseemos una tradición diplomática de defensa de la solución pacífica de las controversias, hacemos un esfuerzo por evitar una escalada en esta penosa situación de enfrentamiento diplomático y político que jamás debió ocurrir.
Al mismo tiempo de hacer esfuerzos a favor de una salida respetuosa del derecho, es importante reflexionar acerca de lo que creemos está en las raíces de este conflicto.
esde nuestra perspectiva, el eje del problema es la situación que vive la hermana república de Colombia, un país de larga tradición democrática que a pesar de vivir bajo el imperio del derecho sufre la agresión de un grupo terrorista surgido hace décadas bajo el impacto de la ideología leninista y guevarista de convertir la Cordillera de los Andes en una gigantesca Sierra Maestra, y que luego del fin de la Guerra Fría y el derrumbe del “socialismo real” se ha degenerado hasta convertirse en brazo armado del narcotráfico.
No es posible definir –como lo hacen algunos de modo implícito– a las FARC como un legítimo movimiento insurgente o de liberación nacional por una simple razón: Colombia no se encuentra bajo ocupación extranjera ni vive bajo el oprobio de una dictadura, sino que es una democracia con las limitaciones y problemas estructurales propios de un país del Tercer Mundo.
Tampoco es permisible la interferencia de un gobierno en los asuntos internos de los demás; no para defender la vigencia del sistema democrático –una obligación moral y legal para los gobernantes de la región a partir de la década pasada–, sino para promocionar una perspectiva ideológica particular.
Los peruanos amantes de la paz y la democracia aspiramos a una solución pacífica y acorde con el derecho internacional, que ponga fin a un enfrentamiento que jamás debió ocurrir. Por otro lado, debe quedar muy clara la responsabilidad de los terroristas colombianos en esta lamentable crisis, pues son culpables de crímenes de lesa humanidad, lo cual se refleja en la toma de rehenes.
Para el Perú es importante apoyar una solución pacífica y acorde con el derecho internacional, para solucionar un problema que jamás debió ocurrir entre países hermanos.
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