Resultado para reflexionar
Para algunos sectores ha resultado patético que la inmensa mayoría de los profesores evaluados esté desaprobada en la última evaluación. Ello no hace más que confirmar un hecho a todas luces preocupante: por diversas razones, un alto porcentaje de profesores de nuestro país posee una formación deficiente, con base en conceptos superados y, lo que es más grave, sin que exista una actualización de sus conocimientos.
No vamos a caer en el torpe simplismo de aprovechar este hecho lamentable para denigrar a los educadores peruanos culpándolos de su situación. Creemos que es absurdo pretender dar explicaciones simples a problemas complejos. La baja calidad de nuestra educación –mostrada en los pobres niveles de comprensión de lectura y de matemáticas que presentan nuestros educandos– nos decía que algo malo pasaba con ellos: ahora lo hemos comprobado.
Es necesario estudiar las causas de esta coyuntura: cuánto se debe a la formación impartida en las escuelas normales y qué papel juega el cuadro posterior de los docentes, sus magros ingresos, la falta de estímulos para superarse, por qué no existe un mecanismo que les dé a los maestros más eficientes (es decir a aquellos cuyos alumnos aprenden mejor) alguna ventaja real sobre aquellos colegas que siguen en la rutina propia de la mediocridad burocratizada.
Será indispensable elaborar una política integral para remediar esta situación: mejorar la calidad de los centros de formación magisterial, capacitar de modo más amplio a los maestros, otorgar estímulos materiales a los profesores que obtengan mejores resultados con sus estudiantes de modo tal que los más eficientes profesionalmente ganen más, convirtiéndose la calidad profesional en un incentivo para el conjunto de sus colegas.
Éste es un asunto fundamental para nuestro futuro: en el mundo del siglo XXI la creación de la riqueza se dará, sobre todo, a partir del conocimiento, es decir los recursos naturales y el esfuerzo muscular contarán mucho menos que los trabajadores capaces de manejar tecnologías cada vez más complejas en un mundo que está en constante cambio.
Para desarrollarnos en un mundo que vive en la economía del conocimiento debemos elevar sustancialmente la calidad de nuestra educación.
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